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sábado, 28 de febrero de 2009

No juega el número con el billete

Waldo Acebo Meireles

Un reciente trabajo publicado en el “El Nuevo Herald” por el Sr. Jorge Salazar-Castillo brinda la cifra de $1,500 millones de dólares anuales enviados a Cuba, como remesas en efectivo y en especie, las llamadas
“remesas familiares” enviadas por los cubanos que fundamentalmente residen en EE.UU.

Además señala que “el 48 por ciento de la población las recibe”. No se indica de donde salió esta cifra y a mi me resulta exagerada. Francamente a mi me resultan en extremo dudosas estas cifras, con todo el respeto al Prof. de economía, FIU.

Veamos por qué: La población cubana es de unos 11 millones aproximadamente, supongamos, ya que todo esto pienso que son suposiciones, y más suposiciones, que el 48% de esa población recibe esos $1,500 millones, de ser así resulta que 5.2 millones de cubanos recibirían anualmente $288.

Es decir que una familia de 4 personas recibiría $1152 dólares anuales Confieso que jamás conocí a nadie que recibiese semejante cifra, y ella es un promedio, es decir que habría quien recibiese $100 y otros decenas de miles. No, no me parece realístico. O como decíamos por allá: “No juega el número con el billete”.

Por otra parte resulta también dudoso que la economía cubana sea capaz de generar bienes de consumo para absorber esa cifra de $1,500 millones, que convertidos a CUC son $1,200 millones a pesar de los precios super inflados de las tiendas que venden en moneda fuerte. Por tanto lo más lógico es suponer, otra suposición, que se está produciendo un atesoramiento, en más o menos pocas manos, que puede llegar, o ya estar, en cifras millonarias. ¿Interesante, eh?

Veamos las cifras desde acá: De acuerdo al Censo del 2000 en EE.UU. vivían en esa fecha 842 mil personas nacidas en Cuba, aceptemos las cifras que da el Reporte Anual del Director Nacional de Inteligencia de los EEUU, que evalúa la entrada de cubanos, legales e ilegales, en 35 mil anuales, eso nos permite suponer que la cifra actual de cubanos anda por 1 millón 120 mil cubanos, algunos de más o de menos. Supongamos ahora que de ellos (agregamos otra suposición) la mitad realiza envíos a sus familiares en Cuba (es una suposición más que generosa) por tanto cada una de esas dadivosas personas realizan un envío anual de $2,678.57 de los cuales $1,478.57 lo realizan de manera ilegal de acuerdo a las regulaciones aún existentes. Es decir que el 50% de los cubanos residentes en este país violan las leyes diseñadas para combatir el castrismo. Otro interesante asunto a tomar en cuenta.

Una vez más me veo obligado a confesar que por acá no conozco a nadie que envíe una cifra ni cercana a esta. Consideremos además que siendo este un promedio habrá quien envíe $100 y otros decenas de miles. Nada realístico… tampoco juega el número con el billete.

Además, y partiendo de todas las suposiciones anteriores cada uno de los cubanos de por acá que envían remesas a Cuba se la hacen llegar a 9.3 cubanos de por allá. También es una suposición irreal.

Por último debemos considerar que de acuerdo al Censo 2000, los ingresos de los cubanos de por acá son de $17,273 como promedio, por tanto esos benevolentes cubanos se desprenden de un 15.5% de sus ingresos, también como promedio, sin contar los gastos de envío que varían según la agencia o ‘mula’ utilizada; más que un diezmo, ¡qué lástima que no puedan descontarlo de sus taxes!

Con independencia de que al parecer tantos mis amigos, conocidos y familiares aquí, como allá, no encajan en estos presupuestos estadísticos, lo cual puede ocurrir, aunque no sea probable, considero que lo único real en todo esto es que estas cifras son altamente dudosas.

viernes, 20 de febrero de 2009

Cinco días de Gómez en La Habana


Waldo Acebo Meireles


Durante la campaña de Gómez en La Habana, conocida como la “La lanzadera” por la forma genial en que burló, por medio de marchas y contramarchas, el ejército español en una provincia estrecha y con excelentes comunicaciones que permitían a España movilizar sus ejércitos en la persecución del escurridizo Gómez; que combatió y operó en toda la Habana. Nos referiremos aquí solamente a las acciones entre el 10 y el 14 de enero de 1896. Cinco días de una campaña que duró 43 ocupando o tomando poblaciones como Güira de Melena, Alquízar, Ceiba del Agua, La Salud, Bejucal, Tapaste, Caimito del Guayabal y San Antonio de Las Vegas. Y decenas de combates: Nazareno, Moralitos, Santa Amelia, San Antonio de Pulido, Ingenios Mi Rosa y Fajardo, San Agustín de Mosquera, central Santa Lucía, Ingenios El Pilar y Cañas, acción de La Luisa y La Luz., San Nicolás, etc.



La batalla de “Mi Rosa” y “San Agustín” en Quivicán se produjeron en los ingenios de esos nombres, el “San Agustín” desapareció a inicio del siglo XX y estaba enclavado en donde hoy está el barrio del mismo nombre; el “Mi rosa” pasó a llamarse “Occidente” después “Pablo Noriega”, actualmente desactivado.

Gómez acampó en “Mi Rosa” el 10 de enero de 1896 con unos dos mil hombres, conocido esto por el general Martínez Campos envió una comunicación a las tropas que se encontraban en Bejucal para que marchasen contra el ejército mambí, a su vez el jefe de las tropas españolas le solicitó ayuda a las tropas de Güira de Melena, entre ambas contaban con mas de tres mil hombres apoyados por dos piezas de artillería. El combate ocurrió el día 11 con grandes perdidas por los españoles y 12 muertos y 56 heridos en las filas mambisas.

En Quivicán, que era un pueblo fortificado, se les unió Cristóbal Pérez y Emiliano Delgado con unos 20 hombres a su mando, con los cuales el Generalísimo decidió formar un regimiento con el nombre de Quivicán.

Luego de una aparente retirada al sur Gómez se dirigió al norte, toma un tren con pertrechos y lo incendia; el día 12 acampa en el ingenio “Fajardo” [Comandante Manuel Fajardo actualmente], ocupando el poblado de La Salud al día siguiente donde es aclamado y vitoreado, además los vecinos le entregan algunas armas y unos 3000 cartuchos, lo cual viene muy bien después del combate de “Mi Rosa”.

Ese mismo día 13 las fuerzas mambisas penetran en Bejucal, pero aquí las fuerzas españolas han construido fortines y han preparado la defensa de la población; se desarrolla así un combate por la toma de Bejucal que ha dado lugar a variadas leyendas sobre la actitud de Gómez en ese enfrentamiento. Analicémoslas:

Es creencia de muchos, entre ellos los mismos bejucaleños, de que Gómez mandó a quemar el pueblo enfurecido por haber sido rozado por una bala disparada desde el segundo piso de una casa, que incluso ubican con exactitud, y esto ocurrió después de haber sido tomado el pueblo, sólo gracias a la solicitud de un maestro con sus alumnos Gómez desistió de castigar la población con la tea incendiaria.

¿Qué hay de cierto en este relato, mejor llamarlo leyenda? Como en toda leyenda o mito popular hay elementos reales, hay aspectos que sino son exactos se acercan a la realidad, hay cuestiones que podrían concordar con los hechos narrados, pero hay también mucho de imaginación popular, de adorno e incluso, en ocasiones hasta un poco de propaganda, de aquella época, anti-Gómez.

Es cierto que Gómez era de carácter rápido y violento, también lo es que no se detenía ante la necesidad de “dar candela” cuando ello tenía un sentido o significado militar; es cierto también que fue herido, pero no dentro de Bejucal, ni tampoco ese día, lo del maestro y sus alumnos fue un hecho evidentemente real.

Comencemos por lo de la herida: Benigno Souza[1] hace un relato de segunda mano, ya que el no estuvo allí, señalando que a Gómez le hicieron un disparo desde la azotea de la fonda “Bejucal”, una construcción de dos plantas que aún existe en la esquina de las calles 9 y 16 que fue el lugar donde nació Félix Pita Rodríguez años después, y que se encuentra en bastante mal estado[2], y ese disparo casi lo mata, como pudieron matarlo en miles de otra ocasiones en la guerra, pero no dice Souza que lo hayan herido. Por otra parte Bernabé Boza[3], que sí estuvo allí, y que era el jefe de la escolta de Gómez, narra: “también desde algunas azoteas y balcones nos hostilizaron” pero no dice nada de herida, ni de que casi matan a Gómez; sin embargo si anota en su diario la herida del día 14[4], en las proximidades de Bejucal, posiblemente, en la zona de Govea, entre Bejucal y San Antonio de los Baños.

Sobre el incendio de Bejucal, en primer lugar no hubo tal incendio del pueblo, sino como señalan los cronistas mencionados, se mandó a incendiar las casas que rodeaban el lugar donde se había hecho fuerte un teniente español, con un contingente de soldados. Este lugar era la cárcel anexa al Ayuntamiento que se encontraba frente a la plaza principal , este edificio aún existe en las calles 13 entre 10 y 12, donde reside el Museo Municipal y otras dependencias. Esta medida fue tomada por Gómez después de intentar rendir a los soldados mediante “una señorita que valientemente se ofreció a él para llevar la propuesta” y negarse los mismos. Es decir que ello se debió a una razón militar, rendir al enemigo, lo cual no sería fácil, debido a lo fortificado del lugar, para el ejercito mambí escaso de municiones y carentes de artillería, y por tanto costaría vidas a los cubanos.

Por ello se ordena el incendio y no por la cólera de Gómez o por un afán incendiario. Cierto es que Gómez utilizó la “tea incendiaria” en la Guerra económica-militar contra España, pero siempre lo hizo con cierta repugnancia hacia un método necesario pero cruel y destructor de bienes, veamos algunos ejemplos de su pensamiento:

“La ruina, la desolación del país, el hambre, más se le debe a España que a la Revolución. Ella, la Revolución, no ha hecho más que quemar cañas, y eso al ingenio que quiso hacer zafra. La ley fue terminante y clara. Pueblos destruidos como las Tunas, los quemó España…”[5]

“… destruirá y quemará todos los fuertes y atrincheramientos y demás medios de defensa que existan en dichos poblados sin destruir las casas que no puedan servir al enemigo…”
[6]

Considero que la muestra es suficiente para dejar en claro que nunca pudo ser objetivo del Generalisimo quemar a Bejucal en un rapto de cólera.

Es necesario considerar, a la luz de los hechos, otros aspectos de la breve estancia de las tropas mambisas en Bejucal y ello es la actitud de la población hacia Gómez y las tropas mambisas en general. En la “leyenda” ya descrita hay un hálito, un ligero toque de que se produjo cierta resistencia y rechazo de la población bejucaleña hacia los revolucionarios, pero ello carece en lo absoluto de base histórica. Hubo resistencia, pero de las tropas españolas que se habían hecho fuerte en el pueblo después de su derrota en la batalla de “Mi Rosa”, igual ocurrió en otras poblaciones como por ejemplo Güira de Melena, y ello no indica animosidad de la población. Además como ya señalamos una joven bejucaleña, a riesgo de su vida, se ofreció a solicitar la rendición del fortín español.

Por otra parte, y de esta afirmación hay documentos probatorios en las Actas del Ayuntamiento, se produjo un proceso, velado por razones políticas, en contra del alcalde Isidro Zertucha el cual fue enviado a la cárcel por brindar ayuda a los mambises; también Francisco Campos Marquetti concejal y propietario de la ‘botica’, que aún existe en la intersección de las calles 9 y 14, fue expulsado del cargo consistorial.

Campos Marquetti suministró medicinas y curó a los mambises heridos, se supone que también brindó ayuda económica y el Estado Mayor radicó en su casa, una bella casona colonial, en la que hoy radica el Palacio de los Matrimonios, en la calle 14 entre 9 y 11. Es muy probable que Gómez fuese abordado a la salida de esa casa por el maestro y los alumnos, ya que la escuela se encuentra a pocos pasos de la casa de Campos Marquetti, esa escuela aún existe con el nombre de “Los Pioneritos” en la esquina de 14 y 11, en la misma calle donde radicó el Estado Mayor mambí.

Un último aspecto, porque da la medida moral y humana de Gómez así como su fuerte carácter. Veamos cómo él relata su entrevista con el maestro:

“Cuando aquel hombrecito me hablaba y veía yo por detrás, apiñados en la puerta, tantas cabecitas inquietas, que con los ojos de asombro y de miedo esperaban mi resolución, me sentí vencido por esas cabecitas inocentes, las cuales me pedían clemencia y ordené que suspendieran el incendio... Aún me siento conmovido cada vez que recuerdo este episodio, y el efecto que en mi ánimo hicieron esas cabecitas hermosas y puras de aquellos niños”[7]

Bernabé Boza, su jefe de escolta, lo relata de la siguiente forma:

“... un grupo de niños saliendo de un colegio, se adelantó suplicante y con las manecitas extendidas hacia el general. Aquello fue más fuerte que el ‘Viejo’; dos gruesas lágrimas rodaron por sus curtidas mejillas y... ¡Corneta! Toque llamada y marcha a la carrera. ¡Vámonos de este pueblo y que nadie toque nada aquí!, dijo. Y clavando las espuelas a su caballo, calándose hasta los ojos el sombrero, echando rabia y candela por todos los poros se salió de Bejucal, seguido de todas las fuerzas. Al llegar frente al paradero del ferrocarril, tropezó con el sargento Barrera (...) quién estaba desmontado arreglando su montura y creyendo (Gómez) que estaba allí ‘raqueando’ [*] algo, le dio una buena entrada de planazos.”

“... Vinimos a acampar como a una legua del pueblo. Ya acampados en precioso y cómodo lugar al General en Jefe, que estaba inaguantable por lo que consideraba un fracaso, se le antojó mudar el campamento. Hizo colgar su hamaca entre dos árboles, y envolviéndose en su capa, se echó en ella sin hablar ni permitir que nadie le hable una palabra”
[8]

Fue a la mañana siguiente, cuando mandó a dirigirse nuevamente a Bejucal ya que había entrado en el pueblo una fuerte columna española, que fue herido. Copiamos estos largos fragmentos porque nos dan la imagen completa de Gómez: Sentimental y tierno ante los niños; colérico ante lo que consideró una indisciplina; huraño y de mal genio ante los hombres por lo que estimó una derrota al no haber podido tomar la guarnición de Bejucal.

De cualquier forma, y resumiendo, podemos decir que las tropas mambisas tuvieron una acogida favorable en toda La Habana, en Quivicán se les unió una partida; en la Salud fueron aclamados y se les entregó pertrechos de guerra y en Bejucal recibió apoyo y ayuda de la población. Hechos similares ocurrieron a lo largo de toda la campaña de “La lanzadera”, y no existió un solo caso de quema de una población o ingenio.



[*] Nota: ‘raqueando’: según Esteban Pichardo, en su “Diccionario Provincial...” es una voz cubanizada del inglés ‘rake’ que significa la acción de buscar y coger fraudulentamente las cosas perdidas en un naufragio. Por tanto esta voz probablemente evolucionó desde fines del siglo XVIII o inicios del XIX al momento que Boza la utilizó, a inicio del XX, para designar algo así como ‘forrajear’ o más modernamente ‘inventar’, ‘resolver’; es decir hurtar, tomar cosas abandonadas, o a la desprevenida. La palabra rake actualmente no tiene ese significado en inglés, sin embargo en el Webster Dictionary de 1913 rake aparece relacionada con ransack que significa saquear. De cualquier forma el spanglish evidentemente tiene largas y añejas raíces.


[1] En: Benigno Souza.-Máximo Gómez el Generalísimo. Ed. Ciencia Sociales. Habana, 1972
[2] Quizás esa construcción ya no exista
[3] En: Bernabé Boza.- Mi diario de Guerra. Ed. Ciencias Sociales. Habana 1974
[4] Es de destacar que a lo largo de casi 14 años de combates Máximo Gómez sólo sufriese dos heridas, la primera en la “Guerra de los Diez Años”, en el cruce de la Trocha, un disparo que le atraviesa el cuello y el otro un disparo a sedal en la rodilla, en ambos casos su actitud es inusitada, en la primera herida barboteando sangre manda a tocar la Marcha de la Bandera y continua el avance sobre la Trocha, en el segundo, se acerca a Boza y le dice al oído que está herido, pero que no lo diga a nadie ya que es muy leve, con una serenidad que dejo al el general Boza sorprendido.
[5] Máximo Gómez.- Cartas a Francisco Carrillo Ed. Ciencias Sociales La Habana 1971 Pag 217
[6] Máximo Gómez. Idem Pag 243
[7] Benigno Souza.- Op. Cit. pags 239-240
[8] Bernabé Boza.- Op. Cit. pag 132

domingo, 15 de febrero de 2009

El fracaso del sistema educacional cubano

Waldo Acebo Meireles

El deterioro en la educación cubana ya es tan evidente que la crítica se hizo pública por alguien del cual quizás no se podría esperar, Alfredo Guevara, que en una intervención en el VII Congreso de la UNEAC señaló:

“¿Puede la escuela primaria y secundaria y el pre (preuniversitario), tal y cual han llegado a ser, regenteadas por criterios y prácticas descabellados e ignorantes de principios pedagógicos, sicológicos elementales, y violadora de derechos familiares, ser formadora de niños y adolescentes, y por tanto fundar futuro?” “Jamás podrá construirse con solidez a partir de dogmas, empecinamiento, desconocimiento de la realidad real o ignorando los mensajes alertadores de la experiencia y de los ciudadanos”

Se le puede contestar a Guevara que no, que con una juventud, no formada, sino deformada por un sistema que, como él plantea, violó los derechos familiares y ha sido, y continua siendo, regentada por prácticas descabelladas no es posible construir el futuro que deseamos para la patria.

El penúltimo estertor del sistema educacional cubano, tan elogiado y admirado por aquellos que no conocen en realidad lo que está pasando con la educación de nuestros jóvenes, son los llamados ‘profesores generales integrales’, con ello se eliminaron las cátedras, los profesores especializados, ahora son dos grandes grupos de asignaturas: Ciencias y Humanidades. Esto que pudiera ser interpretado como una opción lógica en la búsqueda de la integralidad de las materias, lo cual estaría en correspondencia con ciertas teorías y movimientos pedagógicos contemporáneos, en realidad sólo pretende reducir el número de profesores necesarios en cada centro docente, y así ‘aliviar’ la insoluble demanda de maestros y profesores.

El origen de esta debacle la tenemos que ir a buscar al instante en que las Escuelas Normales fueron cerradas, a inicio de los años 60’, y se empezó a buscar soluciones más sobre la base de la preparación ideológica y la corrección política que en la preparación pedagógica y psicológica. A partir de ese momento el déficit de maestros y profesores fue una constante en la problemática educacional cubana. Y junto con ello el deterioro cada vez más agudo en la formación de los docentes que se enfrentaban a sus alumnos con menos capacidad y madurez profesional.

Maestros Voluntarios, luego los ‘Makarenkos’; los maestros emergentes, los planes acelerados de titulación; el Destacamento Pedagógico y así en declive cada vez más acentuado, hasta este último ‘invento’. El sistema se ha agotado, no es viable, es un total y rotundo desastre. Se retomaron las ‘teleclases’ que fracasaron a finales de los años 60’, ahora las llaman ‘videoclases’, con los mismos resultados, objetivos que no son comprobados, ni controlados; contenidos que se quedan en el limbo; aspectos básicos que no son atendidos y la desaparición total de cualquier forma de atención a las diferencias individuales de los alumnos que reciben esa ‘enseñanza’ masificada al absurdo y ajena a los más elementales principios pedagógico y didácticos.

Qué se puede esperar de un sistema que pretende formar a sus profesores, en los Institutos Pedagógicos, a partir de ideas rectoras como las siguientes, las mismas están tomadas del currículo para la formación de los profesores de Ciencias Humanísticas:

-Sólida preparación política e ideológica basado en los principios de la
ideología de la Revolución Cubana: Martiana, Marxista y Fidelista
-Portadores de los valores humanos y revolucionarios que requiere nuestra
sociedad.
-Poseedores de una cultura general integral con base humanista, que les
permitan tomar decisiones sobre su vida política en correspondencia con las
necesidades sociales del país y propicien su propio desarrollo humano.

Es el mismo esquema, el mismo dogma que viene aplicándose desde el inicio, que no ha dado resultados pero que se continúa aplicando sin tomar en cuenta las experiencias acumuladas, los resultados reales.

Y esos resultados ya empezaron a llegar a las escuelas de Miami, esos alumnos que con la edad requerida y las credenciales correspondientes, emitidas por las escuelas cubanas, que certifican su nivel de escolaridad, pero que sin embargo, cuando son sentados en un aula, por ejemplo, de 2do.Grado, son incapaces de leer, claro está en español, no se le pide más. O son totalmente ineptos para efectuar operaciones matemáticas elementales, no saben lo que es un quebrado, y así con el resto de las habilidades y conocimientos que se supone deberían tener.

Mientras tanto en Cuba José R. Fernández [el gallego] convertido en una especie de supra-ministro de Educación lo han hecho responsable de esta “tarea de choque” estrechamente vinculada a la llamada ‘batalla de las ideas’, y se debate infructuosamente tratando el elevar la calidad de las clases que imparten estos profesores emergentes.

Ahora estos jóvenes reciben ayuda de maestros y profesores que estando retirados los reclutan para sin perder los beneficios, es un decir, del retiro impartan tutorías dos veces a la semana buscando elevar los conocimientos de estos alumnos-profesores. Tarea realmente imposible en los plazos disponibles. Situación esta que se agrava en La Habana que depende incluso de jóvenes venidos de otras provincias que viven en condiciones que en nada resultan estimulantes de actividades intelectuales.

Esos son las realidades que esas organizaciones internacionales que colocan a Cuba como un ejemplo a seguir, ignoran, o prefieren ignorar. Pero esa es la situación real y los que están pagando por este desastre son los niños y jóvenes cubanos, aquellos para los que supuestamente se ha creado todo el politizado e inoperante andamiaje educacional cubano, que en la práctica se ha devorado a si mismo y ha comprometido el futuro de la nación.

Sobre las tierras ociosas.

Waldo Acebo Meireles

Consideré necesario añadir algunos argumentos al artículo de Osmar Laffita Rojas aparecido parcialmente en este blog. El artículo de Laffita deja varias cosas claras, entre ellas los datos que señala evidencian el serio problema de las tierras ociosas, que yo prefería llamarles: abandonadas, ya que los ociosos son los que debieron cultivarlas. Esos datos no dicen que de las tierras directamente en manos del estado el 50% están abandonadas, y sólo el 15% de la que están en manos de los pequeños agricultores, se pueden considerar como abandonadas o no puesta en producción.

Sin embargo esos pequeños agricultores, con todas las limitaciones que tienen para la adquisición de los insumos necesarios, con precios a sus producciones desestimulantes, producen más del 65% de la producción agropecuaria nacional, de ellos el 95% del tabaco; el 71% de la carne porcina; el 60% de las viandas y tubérculos; el 62% de las hortalizas; el 88% de los granos y el 60% de las frutas, y esta información es la ofrecida oficialmente.

Esperar que el Decreto-Ley 259 resuelva estos problemas es, por decir lo menos, ingenuo. Un breve análisis de ese Decreto nos dará la razón. Veamos:
Ya en su primer artículo, por no señalar desde el título del decreto, se presenta el primer problema: ARTÍCULO 1.- Se autoriza la entrega de tierras estatales ociosas en concepto de usufructo a personas naturales o jurídicas, las que serán utilizadas en forma racional y sostenible de conformidad con la aptitud de uso del suelo para la producción agropecuaria. Es decir que la tierra será entregada en usufructo y no en propiedad, con lo cual de hecho limita la utilización productiva y económica de la tierra. Quién va a invertir capitales en una tierra que no es de su propiedad y sólo la posee en usufructo.

En el segundo artículo se define el alcance temporal del usufructo cuando se señala: El usufructo concedido es por un término de hasta diez (10) años y podrá ser prorrogado sucesivamente por términos de hasta diez (10) años para las personas naturales… Cualquiera que tenga una mínima idea del tiempo necesario para que una inversión capital en la agricultura, por ejemplo la creación de acequia, solo se recupera al cabo de 2-3 años, comprenderá que el término de 10 años, aunque prorrogables, es una limitación en el orden económico y por ende tecnológico.

El decreto establece otra limitaciones como es la del máximo de tierra que se le puede entregar a una personal natural: 13.42 hectáreas, es decir una caballería, que pueden ser, en casos que el decreto no deja aclarado, elevada hasta 3 caballerías. Determinadas producciones no son rentables, ni incluso factibles, con esas limitaciones, por ejemplo la producción de leche.

Por último pero no finalmente, en sus “Disposiciones Finales”, deja un aspecto básico a definir en 30 días, el cual es el Reglamento para la aplicación de ese Decreto, de ese Reglamento no sabemos nada, absolutamente nada, aunque ya empiezan a aflorar condicionales como las de que el presunto usufructuario debe demostrar poseer loa aperos y medios necesario para poner a producir la tierra, y los mismo sólo pueden ser adquiridos en pesos convertibles [CUC].

Quedó también pendiente el impuesto que gravará esa posesión, y el volumen del mismo puede hacer irrentable ese usufructo, sin considerar el precio inflado de los insumos y los deprimidos a la producción obtenida.

Como ya señalé en un artículo anterior en Cuba es necesaria una nueva reforma agraria pero este Decreto 259 no es ni por asomo lo que se necesita y esperar algo positivo del mismo es una ilusión que se convertirá en desengaños, una vez más. La situación agraria de Cuba es reversible y lo podría ser a corto plazo, para ello es necesario romper con los esquemas ideológicos de un socialismo inoperante, pero esa no es una tarea que, al parecer, quieran emprender los actuales gobernantes.

jueves, 12 de febrero de 2009

La espiral del desastre

Waldo Acebo Meireles

Desde hace algún tiempo ha empezado a llegar a las escuelas miamenses la resaca del desastre educacional cubano. Niños que son matriculados a su llegada a este país en 2do o 3er grado, porque esos son los niveles que muestran en los documentos que traen consigo y que malamente logran leer, en español por supuesto, un texto simple. O son incapaces de efectuar operaciones matemáticas elementales, no saben que es un quebrado, y así con el resto de las habilidades y conocimientos que deberían tener dada su edad y los certificados emitidos por las escuelas cubanas.

Pronto, muy pronto, los negativos resultados de la educación cubana van a hacer mella en un aspecto que favorecía al inmigrante cubano en relación al resto; y esto es la preparación técnica, u otra, conque el cubano recien llegado se presentaba en el mercado laboral a competir por una plaza. No es lo mismo tener la preparación de un técnico medio, o incluso de un graduado universitario, cuando se está solicitando una plaza que quizás a lo sumo lo que requiera es un mínimo de calificación. El inmigrante cubano tenía todas las de ganar.

Pero esa situación va a cambiar cuando los títulos, del nivel que sea, no se correspondan a las reales habilidades y conocimientos necesarios para desempeñar determinada posición, cuando al empleador le ocurra lo mismo que al maestro de primaria, es decir cuando comprenda que una cosa es lo que dice el papel y otra la realidad. ‘Que una cosa es con violín y otra con guitarra’.

Hace unos pocos años atrás los alumnos, tanto de primaria como del nivel secundario, que llegaban de Cuba a este país transitaban con facilidad e incluso con destacado éxito el sistema educacional que aquí encontraban. Su único problema era el idioma y eso se resolvía con mayor o menor dificultad con las clases de ESOL [English for speakers of other languages]. La adaptación de los alumnos de procedencia cubana se producía generalmente sin ningún traumatismo. Ya no es lo mismo.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que en unos pocos años se haya producido esta catástrofe? ¿Qué factores han determinado esta penosa situación?
Las raíces de esta situación parten desde 1960. En ese año se cerraron las Escuelas Normales y se hizo el llamado a la formación de los Maestros Voluntarios los cuales iban a cubrir las aulas hasta en los más recónditos lugares del país. La formación que esos jóvenes recibieron en distintos campamentos en la Sierra Maestra no fue la más adecuada desde un punto de vista magisterial, pero sí ideológicamente. Los jóvenes que se incorporaron a los distintos destacamentos provenían de una reserva de graduados de bachillerato o escuela técnicas, que por diferentes razones no habían continuado estudios o no estaban empleados, eran parte de un fondo de valores materiales e inmateriales que se despilfarraron en pocos años..

Eran grupos con adecuado nivel de preparación en materias generales lo cual facilitaba su posterior labor en las aulas, aunque en la práctica muchos de ellos jamás entraron a un aula realizando las más diversas funciones en campos ajenos a la educación en muchos casos. El gobierno estaba hambriento de personas de probada condición ‘revolucionaria’ y quienes más probados que estos maestros en cierne que habían ascendidos tres veces el Turquino, por aquellos años prueba máxima de solidez ideológica. La espiral del desastre dio su primer giro descendente.

Poco después se abrió en el mismo escenario montuoso la Escuela de Formación de Maestros ‘Anton Makarenko’, que se nutrió de igual forma de jóvenes con una buena preparación heredada del pasado republicano, sin embargo las difíciles condiciones en que tenían que realizar sus estudios, la lejanía de sus hogares, los métodos disciplinarios extremos, llevaron a que mucho del entusiasmo inicial de estos jóvenes se esfumara produciéndose el fenómeno de las deserciones [los rajaos] problema que trataron de solucionar aplicando métodos aún más coercitivos.

Finalmente movieron la Escuela para instalaciones provisionales en Tarará, pero ya el daño estaba hecho pocos jóvenes deseaban ser maestros y los requisitos de captación fueron disminuyendo hasta que con sexto grado se entraba a esa Escuela. La espiral del desastre dio otro giro descendente.

La explosión demográfica de los años 60’ comenzó a presionar en la enseñanza primaria ya para la segunda mitad de esa década, eran necesaria más aulas o se incrementaba de forma inaceptable el hacinamiento en las existentes produciendo una correlación alumno/maestro en nada propicio para una adecuada enseñanza. Las aulas fueron improvisadas en casas que se adaptaban como escuelas, ya que el ritmo de construcción de nuevas escuelas ni remotamente se aproximaba a satisfacer las crecientes necesidades.

A esa aulas improvisadas fueron maestros también improvisados, alumnos de la Escuela de Formación que sin aún tener el mínimo necesario iban a cubrir las aulas, como supuesta práctica docente, e impartir unos conocimientos mal digeridos. Así la espiral dio una nueva vuelta.

La presión demográfica llega al nivel medio, y se pretende darle solución con el uso masivo de la televisión en las llamadas ‘teleclases’ que después un alumno aventajado [monitor] debería concluir con un sistema de preguntas u otras formas de consolidación del material docente. La experiencia duró unos tres años, fue un fracaso total. Otro giro de la espiral.

Paralelamente se genera un movimiento de búsqueda de posibles profesores entre aquellos que habían quedado desempleados en la llamada ‘Campaña contra el burocratismo’ y personas que por diversas y variadas razones carecían de empleo o estaban en disposición de cambiar de profesión para la sin lugar a dudas prestigiosa de profesor de Secundaria o de Preuniversitario, los salarios eran relativamente competitivos y aquellos que en sus antiguas profesiones tuviesen un mayor salario se le respetaba. Naturalmente estos nuevos profesores carecían de la experiencia pedagógica necesaria pero comparado con lo que vino después, eran lumbreras y obtuvieron sus títulos en cursos acelerados. Fue otra vuelta de la espiral.

Las escuelas de formación de maestros no daban abasto a las necesidades crecientes derivadas del crecimiento demográfico unido al envejecimiento y natural retiro de los maestros normalistas aún en ejercicio. Se contrataba prácticamente a cualquiera que pudiese demostrar un mínimo de entereza ideológica, se le ponía a trabajar y se le daba seminarios de preparación para ejercer la profesión magisterial. La imagen del maestro sufrió un deterioro ante los ojos del resto de la población: maestro podía ser cualquiera e incluso había que cazarlos a lazo.

La apertura de las Escuelas en el Campo [ESBEC e IPUEC] demandaron más profesores y dispuestos a someterse a la vida monacal que esas escuelas demandaban. Solución: los Contingentes Pedagógicos, alumnos graduados de Pre que bajo una intensa presión y con el riesgo de no conseguir otra carrera más acorde a sus intereses o vocación, aceptaban integrarse a esos contingentes. De hecho la palabra vocación desapareció del vocabulario, no habían vocaciones sino demandas sociales.

Estos jóvenes prácticamente obligados a realizar una actividad que demanda mucho más que lo que puede dar alguien que no sienta amor por su profesión, constituyeron una vuelta más en la espiral del desastre.

Esto sin considerar que las condiciones de aislamiento de estas escuelas, carentes de una real tutoría y de los más elementales controles devinieron en centros donde los jóvenes se enfrentaban en muchos casos, por primera vez a una experiencia sexual, que en ocasiones se constituían en grupales, con participación tanto de los alumnos como de sus pretensos profesores. Muchas de estas escuelas fueron universidades no solo de promiscuidad sino de formas de violencia organizada, no solo toleradas sino que en muchos casos propiciadas por la dirección de estos planteles.

Ya en los años 90 la crisis de transporte concomitante con el llamado ‘período especial’ comenzó a afectar a las Universidades que en honor a la verdad habían tratado de mantener su nivel, con independencia de la utilización de los llamados ‘alumnos-instructores’. Comenzó un proceso de descentralización de las Facultades abriendo sedes en determinados municipios que facilitaran la asistencia de los alumnos de los municipios colindantes. Claro que con el claustro normal era imposible subvenir esa descentralización, hubo que ampliar los claustros deteriorando la calidad de los mismos.

Por otra parte el ‘período especial’ generó un éxodo masivo de maestros y profesores hacia actividades mejor retribuidas, más lucrativas, concretamente las relacionadas con el turismo. Este fenómeno indetenible aparejado al normal proceso de retiro del personal docente generó un déficit de miles de maestros y profesores en las aulas. Y giró descendentemente la espiral, al tratar de buscarle una solución a esta problemática perenne de la educación en Cuba.

Asi hace ya unos años, en pleno siglo XXI, la espiral del desastre ha girado una vez más con los llamados ‘profesores generales integrales’, ¿que cosa es esto?. Sencillo, como penúltimo estertor de un sistema en total deterioro, se eliminaron las cátedras es decir que ahora son dos grandes grupos de asignaturas: Ciencias y Letras. Esto que pudiera ser interpretado como una opción lógica en la búsqueda de la integralidad de las materias, lo cual estaría en correspondencia con ciertas teorías y movimientos pedagógicos contemporáneos, en realidad sólo pretende reducir el número de profesores necesarios en cada centro docente.

El concepto de integralidad requiere algo más que poner un profesor a impartir todas las ciencias, por ejemplo, sino generar temas, programas, curriculum, que expresen esa integralidad de los diferentes campos del saber de una forma nuclear e intrínseca al desarrollo temático propuesto. Y este no es el caso, en lo absoluto. Por ejemplo lo que se realiza es impartir los programas de manera acelerada: tres meses de biología, tres de física y tres de química sin que exista integración alguna de esos contenidos.

Se retomó el fracaso de las teleclases, ahora ‘video-clases’ con resultados similares, dada la falta de preparación de los ‘profesores emergentes’ que deben darle continuidad al proceso de enseñanza-aprendizaje que estos medios y recursos inician, pero que no pueden completar, como es lógico, de manera efectiva.

El quehacer didáctico de estos profesores emergentes recibe semanalmente alguna forma de orientación, generalmente por profesores retirados que por decreto han sido reintegrados a estas tareas manteniéndoles su retiro más un salario por su labor de orientación. Pero el problema no es de metodología de la enseñanza, no es asunto de forma, sino de contenido, es que estos ‘profesores’, no dominan los contenidos que deben impartir, así de simple.

La situación se hace más crítica en la ciudad de La Habana donde esos ‘profesores’ tienen que ser importados de otras provincias ya que la juventud habanera no está interesada en esas lides. Esto añade más tensión a un proceso de por si llevado a sus extremos, ya que estos ‘profesores’, que reciben un pago mínimo tiene que vivir hacinados en albergues mal acondicionados y que no son estimulantes precisamente de actividades intelectuales.

El grado de deterioro es tan evidente que la crítica vino desde adentro y desde dónde quizás menos se pudiera esperar: Alfredo Guevara; en una intervención en el VII Congreso de la UNEAC señaló, copio textualmente:

“¿Puede la escuela primaria y secundaria y el pre (preuniversitario), tal y cual han llegado a ser, regenteadas por criterios y prácticas descabellados e ignorantes de principios pedagógicos, sicológicos elementales, y violadora de derechos familiares, ser formadora de niños y adolescentes, y por tanto fundar futuro?” “Jamás podrá construirse con solidez a partir de dogmas, empecinamiento, desconocimiento de la realidad real o ignorando los mensajes alertadores de la experiencia y de los ciudadanos”

¿Cuántas veces más tendrá que girar la espiral para que se comprenda que el sistema se ha agotado a si mismo, que no es viable, que es un total y rotundo desastre?

miércoles, 4 de febrero de 2009

“Hoy no fío… mañana sí”

Waldo Acebo Meireles

Quienes cargamos algunos añitos, no sólo en las costillas, recordamos ese letrerito sarcástico, egoísta, aprehensivo, desarmante y desestimulante que algunos bodegueros colgaban a la vista del público con el propósito de evitar solicitudes de ventas al ‘fíao’ que no estaban dispuestos a otorgar.

En aquella lejana época en que no existían buroes de créditos, ni por supuesto las dichosas tarjetas, el ‘fíao’ era la forma más socorrida de crédito para la población, especialmente la urbana ya que en el campo el meneo era bien diferente.

Para ilustración de las nuevas generaciones explicaremos como era el asunto, sus ventajas y desventajas: Aquellos bodegueros con mejores intenciones le abrían una “línea de crédito” a un potencial cliente después de recibir una solicitud verbal e informal, el bodeguero le miraba la cara al cliente, o marchante, como también se le decía, a veces le preguntaba donde trabajaba, si era nuevo en el barrio, cuando pensaba hacer las liquidaciones, semanales o quincenales, y si todo le parecía adecuado ahí mismo quedaba establecido el acuerdo y comenzaba el ‘fíao’. En ocasiones el solicitante se hacía acompañar por alguien conocido por el bodeguero que podía avalar la solvencia, puntualidad y seriedad del aspirante al ‘fíao’.

En algunos casos el bodeguero no muy satisfecho con las respuestas le daba un poco de largas al asunto con frases como que tenía que consultar con su mujer, o con el dueño, o que por el momento la cosa no estaba buena, o que tenía mucho ‘fíao’, etc., etc., pero que más adelante vería la cuestión. El objetivo era hacer una investigación que en muchos casos era simplemente mandar al dependiente o al repartidor de mandados, el mandadero, a ver donde vivía el fulano, cómo se veía la casa y otros detalles que podían confirmar, o no, la posible y eventual solvencia del solicitante. Si no había nada raro o sospechoso después de esta dilación se abría el crédito.

A partir del momento de que el bodeguero admitía a un cliente de ‘fíao’ le abría una hoja en una libreta sin rayas de 5 ctvs. y en los mejores casos le entregaba al cliente una libretica de bolsillo también de 5 ctvs., en este caso sí tenía rayas, en dónde se le anotarían las compras, fechas e importes, lo cual al final del período de gracias, permitía coordinar las anotaciones y garantizar que el importe total fuera el correcto.

Lo del ‘fíao’ tomó carta de nacionalidad y se incorporó al ser cubano, tan es así que aquel emulo barriotero de Casanova que quería pasar a mayores sin previa consolidación de ningún acuerdo pre-matrimonial pues se le decía que quería: Coger de ‘fíao’ [coger en Cuba no tenía, ni tiene, la misma acepción que por otros lares, pero para el caso se entiende]. Por tanto quedó la palabrita, y su filosofía, impregnada en nuestro quehacer diario y no limitado a las actividades crediticias sino a las no menos importantes del erotismo criollo.

En enero de 1959 entregamos el país de ‘fíao’, las elementales precauciones del bodeguero no fueron utilizadas, el cliente no era tan nuevo en el barrio y se le sabía de algunos pasos raros, es cierto que utilizó fiadores de respeto, pero había dudas sobre la seriedad y la puntualidad. Después de ese primer ‘fíao’, vinieron otros, y otros, y otros, siempre esperanzados en poder cobrar, siempre temerosos en perder el cliente, que no era tal, era ya en realidad el dueño y señor de todo.

Como nación fue este nuestro fracaso mayor que hace palidecer todos los anteriores. ¿De algo habrá servido la lección y sabremos aplicar el otro versito que decía?:

“Si fío,
pierdo lo mío;
si doy,
a la ruina voy;
si presto,
al cobrar molesto.
Para evitar todo esto:
ni fío, ni doy ni presto”

jueves, 29 de enero de 2009

Los círculos habaneros


Waldo Acebo Meireles

Todo el mundo conoce, o por lo menos ha oído hablar de los dibujos de Nazca, pero difícilmente de los círculos habaneros, y no nos referimos a los a los llamados Sociales, ni a los Infantiles, sino a círculos reales que se inscriben sobre el territorio de La Habana.

Estos círculos se pueden apreciar en un mapa 1:50000 o de mayor escala, o si sobrevolamos a buena altura ese territorio, actualmente es posible hacerlo al simplemente buscar las imágenes de satélite, que como la que ilustra este trabajo se pueden observar en distintos ‘site’ de Internet[1].

Puede haberle ocurrido a quien haya tomado alguna de las estrechas carreteras del sur habanero y se haya percatado de que la misma sigue una trayectoria bastante rara, son largas curvas, sin justificación aparente.

Esos caminos y carreteras que presentan extensos arcos de círculos están siguiendo el trazado o linderos de los corrales o haciendas circulares que el Cabildo habanero entregó en posesión a la aristocracia terrateniente de los siglos XVI y XVII básicamente.

¿Cómo han llegado a nosotros estos ‘relictos’[2] con más 300 o 400 años? Empecemos por decir que lo que parecen círculos en realidad no lo son sino que son polígonos regulares de 72 lados que vistos en un mapa, o desde buena altura, parecen círculos perfectos.

Es a partir del siglo XVIII que comienzan las infinitas luchas legales para determinar la posesión, que no propiedad, de estos inmensos latifundios, un corral tenía una legua de radio es decir 4,240 metros, por tanto un corral con la circulación completa, lo cual era raro ya que generalmente era cortado por otros corrales, el caso del corral Melena es una de esas excepciones; tenía 421 caballerías. Un hato con el doble de radio tenía 1,684 caballerías.

A partir de mediados de mediados del siglo XVIII los agrimensores o “amojonadores” que procedieron a delimitar esas mercedes, hicieron su “zafra”, ya que lo que les sobró fue trabajo [y broncas con los que se consideraron afectados por sus mediciones] y crearon esos linderos que fueron respetados al trazar los caminos y que hasta hoy se pueden observar.

¿Se cometían errores?, claro que se cometían, como decía Esteban Pichardo, nuestro ‘Cartógrafo Mayor’: “¿y quién podrá medir una línea de dos leguas en Cuba sin equivocarse en seis varas?”. Claro un error de seis varas representaba unas cuantas caballerías de más, o de menos.

Si los relictos de los corrales y hatos llegaron hasta hoy, sobreviviendo la debacle agraria que ha asolado nuestro país, entonces le podemos augurar una larga vida.

[1] Nos referimos a los grandes arcos de círculos que por ejemplo rodean al poblado de Güira de Melena y no a los pequeños círculos que son sistemas de regadíos que al parecer no dan mucho resultados ya que la mayor parte no presentan el verdor propio a algún cultivo.
[2] El concepto de relicto para referirme a las huellas de viejas construcciones, caminos, etc., en este caso a los linderos de los hatos y corrales lo introduje en el campo de la investigación histórica a partir de mis trabajos en la mapoteca del Archivo Nacional de Cuba. El concepto ha sido aceptado con cierta reticencia por otros investigadores cubanos.

viernes, 23 de enero de 2009

El maná, la escuela de Chicago y los cubanos.

[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles

Reconozcamos que el título parece ser una total incongruencia, pero les aseguro que no hay tal. Comencemos por el principio, por el maná:

Como todos, mas o menos, conocemos al escaparse Moisés y su pueblo de las férreas garras del faraón del Egipto, que después lo conocimos como Antiguo, estuvieron divagando, merodeando y explorando en una pequeña región del ya de por si pequeño Cercano Oriente, 40 años [el doble de los 20 de Gardel, que ya debió ser algo]; mientras buscaban la tierra prometida, recibían las tablas con los Diez Mandamientos y otras actividades que en realidad no se correspondían con el pueblo elegido.

Durante esos años Dios le enviaba todas las mañanas, excepto el sábado, el maná que era algo así como un pan pero que nadie sabe exactamente que era ya que las descripciones son bastante variadas.[1] Algunas veces también le mandaba codornices.

Qué era el maná, a qué sabía, cuál era su contenido de proteínas, calcio, hierro, el abecedario de vitaminas, de fibra y colesterol, eso nadie lo sabe, aunque numerosos eruditos han dedicado años al estudio de semejante cuestión y las opiniones son de lo más variadas y sorprendentes. Pero lo importante es que el maná aparecía todas las mañanas, excepto los sábados ya lo mencionamos, y era gratis, sí, era gratis, totalmente gratis, sin ninguna obligación de comprar nada más, como dicen los anuncios de hoy en día, y ya sabemos lo que eso significa.

Casi cuatro mil años después de ese prodigio unos sesudos académicos a partir de profundas investigaciones, serias discusiones, prolongados estudios y varios premios Nobel llegaron a lo que se conoce como unos de los grandes descubrimiento de la Escuela Económica de Chicago, que expresado en pocas palabras nos dice “no free lunch”[2] , no hay almuerzo gratis.

¿Entonces qué? ¿Hubo maná gratis, o los eruditos de Chicago están equivocados? Ni lo uno ni lo otro más bien todo lo contrario. El maná, las codornices a veces, y el rocío para saciar la sed estaban asegurados mientras que el pueblo de Israel no entrara en murmuraciones, no adoraran el “becerro de oro” y otras abominaciones en que tendían a caer bastante a menudo durante el ‘tour’ por el desierto que les dio Moisés. Es decir que el maná tenía un costo: total, completa, absoluta obediencia a las Tablas de la Ley y a las bastantes complicadas instrucciones sobre el culto, construcción del Tabernáculo y otros preceptos sobre un montón de cosas.

Mientras que los hebreos aprendieron esa realidad hace un montón de años y los economistas hace unos 60, los cubanos que nos relacionamos con los primeros en cuanto a la diáspora, y a la búsqueda frenética de la tierra prometida, y a los segundos por lo sabichosos que somos, aún no hemos llegado al conocimiento de esta simple verdad.

Educación gratuita, medicina gratuita, libros gratuitos, espectáculos deportivos, círculos infantiles y no se que seremil más de cosas de bamba, genial. No vamos analizar aquí si la educación no es lo que debería y podría ser, si hay hacinamiento en las aulas o las escuelas están sin pizarras, etc.; o si los hospitales están re-puercos y sin sábanas, casi sin medicinas, anestesia, algodón, placas para rayos X, y los múltiples requerimiento necesarios para brindar una asistencia médica si no moderna, por lo menos decente.

A todo lo anterior poco a poco se le ha ido añadiendo otro maná: “Hace falta que me manden…” y aquí podemos añadir cualquier cosa desde 100 dólares, un frasco de robotussin, unos jean de marca, un i-Pod, hasta unos pampers. Lo que sea.

Evidentemente que los cubanos siguen creyendo en el maná y de paso ignorando las conclusiones de la escuela económica de Chicago. Durante todos estos años han creído a pie juntilla que la medicina era gratuita, por cierto que eso parecía, si tomamos en cuenta de que la visita al médico e incluso un ingreso de varios días en un hospital con una intervención quirúrgica de mayor o menor importancia no generaba ningún ‘bill’ ni le pedían ningún ‘copayment’. Todo se producía sin la intervención de la palabra dinero.

Lo que queremos apuntar es que el axioma postulado por la escuela de Chicago se ha cumplido inexorablemente en el caso cubano, que no ha habido tal gratuidad que ha existido un costo, y un costo terriblemente alto para lo obtenido a cambio: un subconsumo que nos permite casi suponer una ‘esclavitud asiática o comunal’ para los cubanos; una perdida de cualquier posibilidad de opción económica, de elección de qué y cuánto ya que los cubanos no compran sino se les distribuye [salvo que tenga moneda dura, entonces pueden decidir en cierta medida]; un deterioro sistemático en la capacidad de convertir el esfuerzo en resultados, dicho en otra forma una disminución continuada del nivel y de la calidad de la vida.

Pero lo que los cubanos no querían, y al parecer ni quieren saber es que aunque ellos no pagaran sacándose el billete del bolsillo, ellos pagaban con salarios deprimidos, el subconsumo generalizado refrendado legalmente como la ‘cuota’, una baja calidad de los servicios y otros problemillas concomitantes, ello sin considerar el mantenimiento de una burocracia parasitaria inoperante, como cualquier otra, una capa de funcionarios políticos y administrativos que no tienen que rendirle cuentas a los que en realidad pagan y esto obviando las perdidas en otros valores no materiales, pero que son importantes.

También existen costos sociales, como el hacinamiento por falta de viviendas y su secuela de problemas; la estratificación de la sociedad de forma artificial en capas que nada tiene que ver con la real contribución a la economía y la distribución de los bienes, con sus resultados, por ejemplo, de profesionales altamente calificados que buscan un acomodamiento en otro campo de actividad más lucrativo, en ocasiones más o menos ilegal, generando frustraciones y desesperanzas.

Y, lo que para mi es más grave, un profundo cambio en la psicología de todo un pueblo ahora habituado a abrir la boca y esperar que el maná le caiga del cielo.

Por cierto que eran, y son, bien caras esas gratuidades. Como son caros los jean de marca y otros bienes que piden a sus familiares sin saber, ni quieren saber, cuánto cuestan. ¿Qué consecuencias tiene esto? Muy serias: cuando el cubano típico se enfrenta a la realidad de un mundo en que sí se cumple abiertamente con el principio de que no hay almuerzo gratis. De pronto los intríngulis de la economía real quedan al descubierto y ese descubrimiento no resulta nada agradable, es traumático.

Pero nunca tan traumático como el llegar a comprender que ni somos el pueblo elegido, ni hay tal tierra prometida.

[1] Se encuentran referencias en ‘midrashes’ judíos que el maná tenían el sabor y la apariencia de aquello que uno más deseaba., lo cual indudablemente era una gran cosa si consideramos estar 40 años comiendo lo mismo. ¡Qué maravilla para un matrimonio!
[2] Lo cual es una simplificación del acrónimo TINSTAAFL el cual es a su vez significa y es usado en lugar de "There Is No Such Thing As A Free Lunch

lunes, 19 de enero de 2009

Dos acotaciones.

[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles

Los escritos del Dr. Sergio López siempre están avalados por un instrumental lógico y unas bases causales y referenciales que le dan una connotación de seriedad, profundidad y solidez dignas de la admiración de cualquiera que tenga interés en este campo del saber que es la Historia.

Me voy a permitir el hacer dos breves anotaciones a su último trabajo presentado en este site: ¿Pacto, compromiso o seudocompromiso? En el mismo el autor abre un interesante trayecto para el análisis de las causas de la guerra de liberación que se inició en 1895. Sus argumentos son contundentes y merecen nuestra mayor atención, sin embargo me voy a permitir el señalar dos elementos más inasibles que los que el autor nos presenta, pero que en mi opinión no podemos pasar por alto en los procesos ideológicos y sicológicos que contribuyeron y eclosionaron en la clarinada de 1868 y la embestida del 95.

La primera es un fenómeno poco estudiado, pero que en mi criterio desempeñó un notable papel en todo este proceso constitutivo de nuestra voluntad de separarnos del dominio colonial español, el mismo fue los dos breves respiros constitucionales, aceptados a regañadientes, por los peninsulares en los altos puestos de la burocracia colonial que se producen en 1821 y en 1824.

Es mi criterio personal que ambos períodos a pesar de su brevedad fueron escuela de autogobierno e influyeron positivamente en la formación de la nación cubana, la lectura de las actas de los gobiernos autónomos y constitucionales formados en dos pequeñas poblaciones habanera me permiten intuir esto. Los acuerdos van dirigidos de inmediato a beneficiar a estas poblaciones que hasta esos momentos solo hacen contribuciones al presupuesto colonial pero nada reciben a cambio. ¿No nos recuerda algo esto?

La adecuación de las escuelas, las mejoras de los caminos, las medidas de estructuración del orden público y ciudadano son las que reciben inmediata atención, los concejales prueban sus fuerzas en su nueva condición de ciudadanos. Poco duraron esas experiencias pero los ecos de la Revolución Francesa y la Americana se dejaron sentir, incluso en Managua se levantó un monumento a la Razón.

El otro elemento que quisiera apuntar es el no tan subterráneo proceso de maduración de los elementos de nuestra nacionalidad, que se aprecian en la literatura, la música, el propio desarrollo de una intelectualidad ‘criolla’, término este usado despectivamente como lo era el uso de iberos o godos. Este proceso de separación no es continuo ni lineal, pero presenta hitos entre los cuales me gusta señalar lo ocurrido en la defensa de La Habana del ataque inglés.

Resumiendo considero que el proceso de separación de lo ‘nuestro’ de lo del ‘otro’ es algo que siempre hay que tomar en cuenta en estos fenómenos políticos. Me encuentro entre los que piensan que no sólo los factores económicos desempeñan un papel de importancia en la historia y que de vez en cuando hay que utilizar hasta un instrumental axiológico para abordar los complejos procesos que aquí tratamos.

domingo, 18 de enero de 2009

Hialeah sin Latinos


[publicado originalmente en E.Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles

Me he leído de una sentada el libro de Seth H. Bramson sobre las ciudades fundadas por Curtiss y Bright[1] y no ha sido por el interés que me despertó, sino por la poca información que brinda.

En las 159 pags. que consta el libro más de 80% son pags. con fotos, las paginas dónde este reconocido escritor e investigador de historias locales y particulares de la Florida con más de una veintena de libros publicados, se propone dar alguna información textual son escasas y de una pobreza extraordinaria.

Tomemos como ejemplo Hialeah que de las tres ciudades que el autor pretende ‘historiar’ es de la que conozco algo por haber dedicado múltiples horas a la investigación de la misma. De las 53 pags. que dedica a esta ciudad, incluyendo el Capítulo dedicado al Race Track[2], el 92% son paginas dedicadas a láminas y fotos, debemos conceder que alguna son de interés.

Los pocos párrafos en que el autor brinda alguna información son vagos, imprecisos y no solo de poco interés sino carente de información estadística, demográfica, datos históricos concretos, hechos importantes, menos aún algún intento de periodización.

Por ejemplo le dedica todo un párrafo a las comunicaciones y el transporte[3] pero ignora, o parece ignorar, que en Hialeah estuvo durante más de 25 años el aeropuerto municipal de Miami el antecesor directo del actual aeropuerto internacional. No menciona que Amelia Earhart despegó de ese aeropuerto el 1ro. de junio de 1937 para su vuelo trasatlántico, intento en que perdió la vida, convirtiéndose en una leyenda.

No vamos a seguir enumerando los más elementales datos que faltan en este desafortunado libro, pero no podemos dejar de señalar que el autor por dejar de decir, nada dice de la presencia cubana, y latina en general, en Hialeah, parece que el autor “estuvo en el pueblo pero no vio las casas”. Una rápida mención a Raul Martínez, que fue el primer cubano elegido alcalde en los EE.UU., hecho que el autor no menciona, y al actual alcalde, Julio Robaina, son las únicas que se hacen de personalidades latinas.

No le podemos recomendar este libro salvo que a usted le guste mirar las figuritas.


[1] El nombre completo del libro es: “ The Curtiss-Bright Cities. Hialeah, Miami Spring & Opa Loca.” publicado por ‘The History Press’ 2008
[2] Existen varios excelentes libros que historian el Hipodromo de Hialeah
[3] El párrafo está dedicado básicamente al Florida East Costal Railway al cual el autor le ha dedicado un par de libros con anterioridad

jueves, 15 de enero de 2009

Los coleccionistas.


[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles.

Hace un par de días Yoani subió un trabajo en que abordaba el asunto de la media libra de picadillo que me imagino solo los habaneros, de la ciudad, recibirían. El parto de los montes.

¡Media libra de picadillo! ¿Por persona o por núcleo? ¿Con soya o sin soya? ¿Con grasa o sin grasa?, nada Yoani es muy parca y lo único que añade es el choteo de los cubanos [supongo que solo los habaneros de La Habana] sobre el picadillo que no fue un regalo de los dioses del olimpo castrista, más bien castrados, sino ‘enviado por Chávez’.

Pero lo que realmente me llamó la atención no fue ese derroche que después de 50 años, ¡Caballeros, que son cincuenta años!, pudieron realizar para ‘celebrar’ tan magna fecha, lo que me llamó la atención fue la imagen que acompaña el trabajo, que aquí reproducimos sin pedirle permiso a nadie.

Pablito en sus años mozos, con ‘espeldrún’ y todo, a unos 30-35 años de su futuro ¿distanciamiento?, de la gerontocracia; Silvio con esa magia de su poesía vendiendo mangos; Mercedita Valdés con su inefable ‘aché’; el Che, pal,cará, en un disco que por suerte ni recuerdo y finalmente, finalmente: Sarita Montiel.

Lo demás nada importa, esa es Sarita en su mejor LP con la London, a veces desentonada, en ocasiones descuadrada, pero con unos senos de exposición, de colección.

Es cierto el letrero que anuncia la venta de estas reliquias, son cosas para coleccionistas, aquellos que coleccionan arrepentimientos, o coleccionan símbolos controvertidos, o coleccionan ritos espirituales o imágenes eróticas de la adolescencia.

Para eso hemos quedado, para coleccionistas de intrascendencias. ¿A cómo estará el disco de Sarita?

miércoles, 14 de enero de 2009

Reivindicación de Hialeah

[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles.

Todo parece indicar que el artículo de Forbes acerca de las 10 ciudades más aburridas ha causado revuelo en Hialeah, colocada por el autor (Joshua Zumbrun) entre esas aburridas ciudades, sobre la base de una metodología que nada tiene de metodología y sí de bobería.
Hasta el momento el artículo ha recibido 38 comentarios (ver link a "Forbes") y todos desfavorables al mismo, llama la atención que una tercera parte de esos comentarios están enmarcados en la defensa de Hialeah, en segundo lugar está Chula-Vista con 6 comentarios de defensa y en tercero Chandler con 5 decididos y entusiastas defensores.
Uno de los que suponemos “jayalense” vira la tortilla y coloca a "Forbes" entre las diez revistas más aburridas, otro establece con diáfana claridad: A Hialeah se le quiere o se le odia. Estamos de acuerdo, yo estoy entre los que la quieren.
Hialeah surgió a finales de los años 10 del siglo pasado, para 1925 ya se había constituido en ciudad con alcalde elegido popularmente. Para esos años ya poseía el Hipódromo considerado el más bello del mundo, además de un cinódromo, cancha de Jai-alai, los primeros y que yo sepa únicos estudios cinematográficos del estado de la Florida, decenas de hoteles, bares y demás centros de diversión. Nada aburrido por cierto.
Durante la “ley seca” en Hialeah se producía, según doctas opiniones, el mejor "moonshine" de todo los EE.UU., se dice que Al Capone paladeaba el mismo en sus visitas a la "aburrida" ciudad.
Con estos antecedentes, para no seguir contando, era imposible que Hialeah fuera una ciudad aburrida, nunca lo fue ni aún en los peores momentos de la crisis económica de los 30s.
Esta ciudad se mantiene viva, como una ciudad de múltiples diálogos, como dijera hace varias décadas su mejor poeta. Hialeah con ese lema que nos recuerda al Marianao de Orue, no es la ciudad de “agua, fango y factorías”, ni es una ciudad aburrida, en realidad es una ciudad que progresa, acogiendo no solo a cubanos sino a latinos de toda la América, y una población creciente de ciudadanos del medio oriente. Pues sí, Hialeah es una ciudad de múltiples diálogos con su 98% de latinos, donde se puede tomar uno un guarapo, o un cafecito en cualquier esquina y que una joven dependiente te diga: "Mi chino quieres más". Nada aburrido por cierto.

martes, 13 de enero de 2009

¡Cuidado con lo que piden!

[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles

He recibido un e-mail firmado por Jadwiga ‘Viga’ Gewert de la “Chopin Foundation of the U.S.” esta fundación radica aquí en Miami, con extensiones en San Francisco y New York, este e-mail tiene como propósito que nos unamos a una solicitud que partió de Quincy Jones y que consiste en pedirle al Presidente Electo que designe un Ministerio de las Artes, textualmente señala:

“Quincy Jones has started a petition to ask President-Elect Obama to appoint a Secretary of the Arts. While many other countries have had Ministers of Art or Culture for centuries, The United States has never created such a position. We in the arts need this and the country needsthe arts—now more than ever.”

Francamente no creo que sea razón suficiente el hecho de que otros países tengan dicho organismo estatal "desde hace siglos", para que los EE.UU. lo cree. Cuba lo tiene y para que hablar del asunto.

Pero como parece que la cosa viene por la rama de la música, lo más probable es que lo que realmente estén buscando en un renacimiento de la vida musical de este país que alcanzó su zenit en los años finales de los 40, inicios de los 60; hasta una cadena nacional de radio se daba el lujo de pagar músicos de primera línea para formar una orquesta dirigida por una celebridad de esos años.

Esta bien, vamos a suponer que el Sr. Barack Obama, crea ese Ministerio y decide nombrar a Wynton Marsalis como Ministro, es una buena selección, Marsalis se mueve con soltura tanto entre los jazzistas como entre los cultivadores de la música clásica, además su ejecutoria en el Lincoln Center es una buena carta de presentación, sin considerar sus esfuerzos para restaurar New Orleans, en resumen en un músico respetado y respetable. Por otra parte Obama equilibra un poco la composición étnica de su gabinete.

Perfecto, el Sr. Marsalis emprende su gestión con entusiasmo y enseguida comenzamos a ver sus frutos, se producen conciertos gratuitos, se amplian las becas para los alumnos de las actuales escuelas de arte, se crean nuevas escuelas y mil otras iniciativas: exposiciones, ediciones populares de literatura, publicación de escritores noveles, etc.

Pero el Ministerio de las Artes que comenzó con una docena de entusiastas de las artes ha ido creciendo así lo ha demandado el desarrollo del trabajo, al cabo de 2-3 años cuenta con varios miles de empleados, no tan entusiastas de las artes, y se han creado infinidad de departamentos, secciones y subsecciones. Por ejemplo de la Subsecretaría de Musica se desprende, entre otras el Departamento de Música Popular y de este a su vez sale la Sección de Musica con Raíces Afro; de aquí la Subsección Rap… las cosas se van complicando, pero por favor no le pidamos al Sr. Ministro que atienda personalmente cada una de las subsecciones de Artes Plásticas, Literatura, Música y demás.

Creamos un monstruo burocrático que ahora empezará a engullirlo todo, a dictar normas y generar circulares e instrucciones y lo peor de todo, comenzara a ejercer la censura, al inicio con mucho tacto, pero finalmente con toda la fuerza que le da el tener un presupuesto estatal de billones que gasta básicamente en sostener el aparato burocrático pero que lo que queda lo reparte entre aquellos que le sean gratos.

Triste visión la mía, de un pesimismo desarmante, estoy de acuerdo, pero no creo que esa sea la vía de elevar la cultura artística de este país. Por tanto no voy a firmar tal solicitud y se acabó.

domingo, 11 de enero de 2009

Sobre el marxismo esotérico y otra ideas afines.

[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles.

Si quieren no me lo crean pero un estimado amigo me contó que hace algunos buenos años por las tierras del Ariguanabo existía un personaje que decía que él era un materialista esotérico. Aquella declaración de principio siempre me resultó no sólo simpática, atrevida e incoherente, sino de hecho imposible.

¡Qué equivocado andaba yo por esa época! Aquel personaje estaba clarísimo, su autoproclamación no encerraba ninguna antinomia filosófica; ni tenía ninguna pretensión provocativa; no era el producto de una mente desquiciada, por lo menos en el plano individual; ni era una aberración personal. Era, en realidad, la preclara síntesis de la filosofía no oficial de la ‘dirección’ política de Cuba. Era el desquiciamiento, la enajenación, la aberración abominable de todo un país, hasta ese momento más o menos cuerdo.

Oficialmente la declaración de marxista-leninista, materialista consecuente y demás palabrería quedaba desmentida en la práctica diaria, en la cotidianidad del quehacer político, social y económico, en particular en este último.

¿Cómo hacer corresponder con las ideas de Marx declaraciones tales como: crearemos riquezas con la conciencia y no conciencia con las riquezas? O esta otra: con las convicciones del pueblo trabajador elevaremos la producción. Si eso no es esoterismo encubierto, no tan escondido, en declaraciones ‘marxistas’, no me imagino que otra cosa puede ser.

Uno de los supuestos marxistas más connotados y que dejó algunos miles de páginas, publicadas en dos gruesos tomos después de su muerte en Bolivia, realizó algunas definiciones tautológicas. En uno de sus panfletos más estudiados sobre “el hombre nuevo” decía cosas como la siguiente: somos más plenos porque somos más plenos. Al parecer no asistió a las clases de lógica formal cuando estudió el bachillerato en Córdoba.

El mismo concepto de hombre nuevo, “homo novensis” está en la esencia misma del marxismo esotérico, si Marx resucita se vuelve a morir, ni cuando joven cometía esa pifias anti-marxistas, pero bueno alguna vez él declaro que no era marxista, así que sabe Dios.

Declaradamente, o no, el ‘aparato’ pasó por el nacionalismo, el antimperalismo, el trostkysmo, el tercer-mundismo, el anti-sovietismo, el latinoamericanismo, y no recuerdo cuantos ismos mas, al parecer el penúltimo es el bolivarismo. Pero en esencia nunca han dejado de ser unos redomados esotéricos, viviendo en las nubes, en ‘la luna de valencia’ y evitando tropezar con la concreta, con la realidad objetiva como diría cualquier profesor de marxismo.

En la práctica diaria se fue pasando lentamente de la certeza en el triunfo del las ideas marxistas, a la confianza en la revolución y ya en los últimos tiempos a la fe en nuestros dirigentes. Fue un progreso evidente hacia la confirmación del esoterismo como teoría del estado.

Falta por lo menos un último y definitivo desarrollo y este ya se comienza a vislumbrar cuando se empieza a decir que un cadáver está efectivamente gobernando y al tanto de todos los problemas del país. Más adelante cuando ya no quede más remedio que enterrarlo, o completar su momificación, presiento que comenzaran las sesiones espirituales para recibir las orientaciones de nuestro querido líder, que desde el más allá nos seguirá alumbrando el camino con su sabiduría.

Semejante forma de filosofar ha dejado su impronta en el ser del cubano, y sus consecuencias futuras, ya que las presentes son evidentes, las desconocemos pero no auguran nada bueno.

¡Pal cará, Clavelito en el poder!, quien se lo hubiese imaginado.

miércoles, 7 de enero de 2009

Esteban Pichardo, un intelectual infatigable.

[publicado originalmente en E. Ichikawa]

Waldo Acebo Meireles.

El siglo XIX cubano fue pródigo en hombres de letras, científicos, y pensadores de toda índole, los Poey, Reynoso, Bachiller, los González del Valle, los Zayas, Calcagno, Mestre, Del Monte, Varona y tantos otros; quizás uno de los más conocidos, y discutido, es José Antonio Saco, quizás el menos conocido, y casi olvidado, es Esteban Pichardo y Tapia.

Aunque nació, el 26 de diciembre de 1799, en Santiago de los Caballeros, Santo Domingo, vino de muy corta edad a Cuba; su infancia y juventud transcurrió en Santa María del Puerto del Príncipe, lo que hoy conocemos como la ciudad de Camagüey.

Pichardo fue uno de los eruditos más trabajadores y conspicuos del siglo XX, dejó un legado que no puede ser pasado por alto por ningún historiador, u otro investigador en las ciencias sociales. Basta con mencionar dos obras: El “Diccionario provincial casi razonado de vozes [SIC] y frases cubanas” y la “Carta geotopográfica de la Isla de Cuba”.

De la primera debemos decir que fue no sólo la más importante obra lexicográfica cubana en el siglo XIX, y parte del XX, sino la primera en toda la América, referencia obligada de todo estudioso latinoamericano; obra de imprescindible consulta, actualmente, para cualquier estudio del período. Su sabiduría queda reflejada en las descripciones de la fauna y flora cubana, sin descontar los elementos de las costumbres de la sociedad decimonónica que también quedan reflejadas.

La Carta geotopográfica no tuvo rival alguno hasta que en los años 50 del siglo XX, y a partir de fotos aéreas, el Instituto Cubano de Geodesia Cartografía y Catastro elaboró las cartas de Cuba en escala 1/50000.

Causa admiración como un solo hombre pudo emprender y concluir tan tremenda obra, él reconoce que se apoyó en el trabajo anterior de decenas de topógrafos y cartógrafos y con infinita modestia lo señala:

“Es verdad que han sido miles los operarios originales de menores ó mayores trozos dentro y fuera de la Isla en el largo tiempo de casi dos siglos; pero conseguir esos trabajos todos ó la mayor parte de los interesantes, solo era dable á quien, habitando en la Isla desde su infancia, la recorrió luego por agua y tierra antes y después de haber Ferrocarriles, adquiriendo datos y noticias corroboradas prácticamente en medio siglo, sin excusar molestias, súplicas, hasta humillaciones, para obtenerlos, copiarlos, y sacar apuntaciones de archivos particulares ó públicos, etc., principalmente en los lugares donde fijaba mi residencia, Santiago de Cuba, Holguín, Puerto Príncipe, Santa Clara, Matanzas, la Habana, Guanajay y sus campos,”[1]

Otro aspecto vital a considerar es el que esa Carta, al igual que sus otros trabajos cartográficos anteriores, fijaron las toponimias de Cuba. La belleza del dibujo la precisión del diseño todo hace que sea una obra sin paralelo, me atrevería decir no sólo en América sino mucho más allá.[2]

El estudiar esas Cartas, que años atrás podían ser obtenidas en copias azul al amoniaco en la Biblioteca Nacional, nos maravilla por la cantidad de información que recoge por lo prolijo de los datos que refleja, por la meticulosidad con la cual incluso establece los centros de corrales y hatos ya desaparecidos para la época en que Pichardo confeccionó sus Cartas.

Sin embargo su obra inconmensurable nunca tuvo el reconocimiento y menos aún la retribución económica que debió haber tenido, retomemos el párrafo citado donde incluso se refiere hasta de las humillaciones que sufrió.

Otro párrafo extraído del proemio a su novela ‘El Fatalista’, no es casual su nombre, nos deja una nota amarga, cuando después de explicar las características generales de la obra apunta:

“Pintar nuestro Mundo como es; anatomizar el cuerpo social Cubano en todos sus miembros de uno ú otro Departamento buscando fácilmente el correctivo posible en los defectos; aislar en un individuo ideas dudosas de predestinación; no es zaherir, ni sentar axiomas de creencia.
Con estas premisas, si el pasatiempo instructivo de costumbres agrada, quedaré satisfecho; de lo contrario, ganaré otro desengaño.”
[3]

Esteban Pichardo murió el 26 junio 1879, pobre casi en la miseria, en La Habana donde fue Socio de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Real Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales, leamos la nota necrológica que apareció en la ‘Revista de Cuba’:

“Corto número de persona (…) acompañaron á su última morada al eminente geógrafo D. Esteban Pichardo. Nos duele decirlo; pero el ilustre finado, miembro de tantas Academias Científicas, no tuvo en su acompañamiento quien las representase, como si la desgracia se empeñara en perseguirlo aún más allá de la tumba.
Parece que el infortunio ha embotado de tal modo nuestros sentimientos, que hasta hemos llegado á olvidar que la muerte de un hombre esclarecido siempre fue motivo de duelo para la tierra que le vio nacer o le adoptó como hijo, y que da pruebas de poseer virtudes cívicas el pueblo que acude en masa a tributar el último homenaje de admiración y respeto a los hombres, cuyo paso por el mundo, lejos de haber sido inútil ha dejado esa profunda huella que marcan el amor á la Patria y la consagración a la ciencia.”
[4]

No resulta necesario añadir nada más.


[1] Nueva carta geotopográfica de la Isla de Cuba, Hoja 1A., 1/70,000 Memoria Justificativa 1870 p. 3.
[2] Sin embargo en más de una ocasión escuché opiniones negativas, entre ciertos historiadores cubanos, con relación a las obras de Pichardo, peculiar costumbre la nuestra de criticar lo que ni por asomo podríamos igualar.
[3] El Fatalista – Novela Cubana. 1866 s/p.
[4] Revista de Cuba Tomo VI. 1879 p. 91