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viernes, 20 de febrero de 2009

Cinco días de Gómez en La Habana


Waldo Acebo Meireles


Durante la campaña de Gómez en La Habana, conocida como la “La lanzadera” por la forma genial en que burló, por medio de marchas y contramarchas, el ejército español en una provincia estrecha y con excelentes comunicaciones que permitían a España movilizar sus ejércitos en la persecución del escurridizo Gómez; que combatió y operó en toda la Habana. Nos referiremos aquí solamente a las acciones entre el 10 y el 14 de enero de 1896. Cinco días de una campaña que duró 43 ocupando o tomando poblaciones como Güira de Melena, Alquízar, Ceiba del Agua, La Salud, Bejucal, Tapaste, Caimito del Guayabal y San Antonio de Las Vegas. Y decenas de combates: Nazareno, Moralitos, Santa Amelia, San Antonio de Pulido, Ingenios Mi Rosa y Fajardo, San Agustín de Mosquera, central Santa Lucía, Ingenios El Pilar y Cañas, acción de La Luisa y La Luz., San Nicolás, etc.



La batalla de “Mi Rosa” y “San Agustín” en Quivicán se produjeron en los ingenios de esos nombres, el “San Agustín” desapareció a inicio del siglo XX y estaba enclavado en donde hoy está el barrio del mismo nombre; el “Mi rosa” pasó a llamarse “Occidente” después “Pablo Noriega”, actualmente desactivado.

Gómez acampó en “Mi Rosa” el 10 de enero de 1896 con unos dos mil hombres, conocido esto por el general Martínez Campos envió una comunicación a las tropas que se encontraban en Bejucal para que marchasen contra el ejército mambí, a su vez el jefe de las tropas españolas le solicitó ayuda a las tropas de Güira de Melena, entre ambas contaban con mas de tres mil hombres apoyados por dos piezas de artillería. El combate ocurrió el día 11 con grandes perdidas por los españoles y 12 muertos y 56 heridos en las filas mambisas.

En Quivicán, que era un pueblo fortificado, se les unió Cristóbal Pérez y Emiliano Delgado con unos 20 hombres a su mando, con los cuales el Generalísimo decidió formar un regimiento con el nombre de Quivicán.

Luego de una aparente retirada al sur Gómez se dirigió al norte, toma un tren con pertrechos y lo incendia; el día 12 acampa en el ingenio “Fajardo” [Comandante Manuel Fajardo actualmente], ocupando el poblado de La Salud al día siguiente donde es aclamado y vitoreado, además los vecinos le entregan algunas armas y unos 3000 cartuchos, lo cual viene muy bien después del combate de “Mi Rosa”.

Ese mismo día 13 las fuerzas mambisas penetran en Bejucal, pero aquí las fuerzas españolas han construido fortines y han preparado la defensa de la población; se desarrolla así un combate por la toma de Bejucal que ha dado lugar a variadas leyendas sobre la actitud de Gómez en ese enfrentamiento. Analicémoslas:

Es creencia de muchos, entre ellos los mismos bejucaleños, de que Gómez mandó a quemar el pueblo enfurecido por haber sido rozado por una bala disparada desde el segundo piso de una casa, que incluso ubican con exactitud, y esto ocurrió después de haber sido tomado el pueblo, sólo gracias a la solicitud de un maestro con sus alumnos Gómez desistió de castigar la población con la tea incendiaria.

¿Qué hay de cierto en este relato, mejor llamarlo leyenda? Como en toda leyenda o mito popular hay elementos reales, hay aspectos que sino son exactos se acercan a la realidad, hay cuestiones que podrían concordar con los hechos narrados, pero hay también mucho de imaginación popular, de adorno e incluso, en ocasiones hasta un poco de propaganda, de aquella época, anti-Gómez.

Es cierto que Gómez era de carácter rápido y violento, también lo es que no se detenía ante la necesidad de “dar candela” cuando ello tenía un sentido o significado militar; es cierto también que fue herido, pero no dentro de Bejucal, ni tampoco ese día, lo del maestro y sus alumnos fue un hecho evidentemente real.

Comencemos por lo de la herida: Benigno Souza[1] hace un relato de segunda mano, ya que el no estuvo allí, señalando que a Gómez le hicieron un disparo desde la azotea de la fonda “Bejucal”, una construcción de dos plantas que aún existe en la esquina de las calles 9 y 16 que fue el lugar donde nació Félix Pita Rodríguez años después, y que se encuentra en bastante mal estado[2], y ese disparo casi lo mata, como pudieron matarlo en miles de otra ocasiones en la guerra, pero no dice Souza que lo hayan herido. Por otra parte Bernabé Boza[3], que sí estuvo allí, y que era el jefe de la escolta de Gómez, narra: “también desde algunas azoteas y balcones nos hostilizaron” pero no dice nada de herida, ni de que casi matan a Gómez; sin embargo si anota en su diario la herida del día 14[4], en las proximidades de Bejucal, posiblemente, en la zona de Govea, entre Bejucal y San Antonio de los Baños.

Sobre el incendio de Bejucal, en primer lugar no hubo tal incendio del pueblo, sino como señalan los cronistas mencionados, se mandó a incendiar las casas que rodeaban el lugar donde se había hecho fuerte un teniente español, con un contingente de soldados. Este lugar era la cárcel anexa al Ayuntamiento que se encontraba frente a la plaza principal , este edificio aún existe en las calles 13 entre 10 y 12, donde reside el Museo Municipal y otras dependencias. Esta medida fue tomada por Gómez después de intentar rendir a los soldados mediante “una señorita que valientemente se ofreció a él para llevar la propuesta” y negarse los mismos. Es decir que ello se debió a una razón militar, rendir al enemigo, lo cual no sería fácil, debido a lo fortificado del lugar, para el ejercito mambí escaso de municiones y carentes de artillería, y por tanto costaría vidas a los cubanos.

Por ello se ordena el incendio y no por la cólera de Gómez o por un afán incendiario. Cierto es que Gómez utilizó la “tea incendiaria” en la Guerra económica-militar contra España, pero siempre lo hizo con cierta repugnancia hacia un método necesario pero cruel y destructor de bienes, veamos algunos ejemplos de su pensamiento:

“La ruina, la desolación del país, el hambre, más se le debe a España que a la Revolución. Ella, la Revolución, no ha hecho más que quemar cañas, y eso al ingenio que quiso hacer zafra. La ley fue terminante y clara. Pueblos destruidos como las Tunas, los quemó España…”[5]

“… destruirá y quemará todos los fuertes y atrincheramientos y demás medios de defensa que existan en dichos poblados sin destruir las casas que no puedan servir al enemigo…”
[6]

Considero que la muestra es suficiente para dejar en claro que nunca pudo ser objetivo del Generalisimo quemar a Bejucal en un rapto de cólera.

Es necesario considerar, a la luz de los hechos, otros aspectos de la breve estancia de las tropas mambisas en Bejucal y ello es la actitud de la población hacia Gómez y las tropas mambisas en general. En la “leyenda” ya descrita hay un hálito, un ligero toque de que se produjo cierta resistencia y rechazo de la población bejucaleña hacia los revolucionarios, pero ello carece en lo absoluto de base histórica. Hubo resistencia, pero de las tropas españolas que se habían hecho fuerte en el pueblo después de su derrota en la batalla de “Mi Rosa”, igual ocurrió en otras poblaciones como por ejemplo Güira de Melena, y ello no indica animosidad de la población. Además como ya señalamos una joven bejucaleña, a riesgo de su vida, se ofreció a solicitar la rendición del fortín español.

Por otra parte, y de esta afirmación hay documentos probatorios en las Actas del Ayuntamiento, se produjo un proceso, velado por razones políticas, en contra del alcalde Isidro Zertucha el cual fue enviado a la cárcel por brindar ayuda a los mambises; también Francisco Campos Marquetti concejal y propietario de la ‘botica’, que aún existe en la intersección de las calles 9 y 14, fue expulsado del cargo consistorial.

Campos Marquetti suministró medicinas y curó a los mambises heridos, se supone que también brindó ayuda económica y el Estado Mayor radicó en su casa, una bella casona colonial, en la que hoy radica el Palacio de los Matrimonios, en la calle 14 entre 9 y 11. Es muy probable que Gómez fuese abordado a la salida de esa casa por el maestro y los alumnos, ya que la escuela se encuentra a pocos pasos de la casa de Campos Marquetti, esa escuela aún existe con el nombre de “Los Pioneritos” en la esquina de 14 y 11, en la misma calle donde radicó el Estado Mayor mambí.

Un último aspecto, porque da la medida moral y humana de Gómez así como su fuerte carácter. Veamos cómo él relata su entrevista con el maestro:

“Cuando aquel hombrecito me hablaba y veía yo por detrás, apiñados en la puerta, tantas cabecitas inquietas, que con los ojos de asombro y de miedo esperaban mi resolución, me sentí vencido por esas cabecitas inocentes, las cuales me pedían clemencia y ordené que suspendieran el incendio... Aún me siento conmovido cada vez que recuerdo este episodio, y el efecto que en mi ánimo hicieron esas cabecitas hermosas y puras de aquellos niños”[7]

Bernabé Boza, su jefe de escolta, lo relata de la siguiente forma:

“... un grupo de niños saliendo de un colegio, se adelantó suplicante y con las manecitas extendidas hacia el general. Aquello fue más fuerte que el ‘Viejo’; dos gruesas lágrimas rodaron por sus curtidas mejillas y... ¡Corneta! Toque llamada y marcha a la carrera. ¡Vámonos de este pueblo y que nadie toque nada aquí!, dijo. Y clavando las espuelas a su caballo, calándose hasta los ojos el sombrero, echando rabia y candela por todos los poros se salió de Bejucal, seguido de todas las fuerzas. Al llegar frente al paradero del ferrocarril, tropezó con el sargento Barrera (...) quién estaba desmontado arreglando su montura y creyendo (Gómez) que estaba allí ‘raqueando’ [*] algo, le dio una buena entrada de planazos.”

“... Vinimos a acampar como a una legua del pueblo. Ya acampados en precioso y cómodo lugar al General en Jefe, que estaba inaguantable por lo que consideraba un fracaso, se le antojó mudar el campamento. Hizo colgar su hamaca entre dos árboles, y envolviéndose en su capa, se echó en ella sin hablar ni permitir que nadie le hable una palabra”
[8]

Fue a la mañana siguiente, cuando mandó a dirigirse nuevamente a Bejucal ya que había entrado en el pueblo una fuerte columna española, que fue herido. Copiamos estos largos fragmentos porque nos dan la imagen completa de Gómez: Sentimental y tierno ante los niños; colérico ante lo que consideró una indisciplina; huraño y de mal genio ante los hombres por lo que estimó una derrota al no haber podido tomar la guarnición de Bejucal.

De cualquier forma, y resumiendo, podemos decir que las tropas mambisas tuvieron una acogida favorable en toda La Habana, en Quivicán se les unió una partida; en la Salud fueron aclamados y se les entregó pertrechos de guerra y en Bejucal recibió apoyo y ayuda de la población. Hechos similares ocurrieron a lo largo de toda la campaña de “La lanzadera”, y no existió un solo caso de quema de una población o ingenio.



[*] Nota: ‘raqueando’: según Esteban Pichardo, en su “Diccionario Provincial...” es una voz cubanizada del inglés ‘rake’ que significa la acción de buscar y coger fraudulentamente las cosas perdidas en un naufragio. Por tanto esta voz probablemente evolucionó desde fines del siglo XVIII o inicios del XIX al momento que Boza la utilizó, a inicio del XX, para designar algo así como ‘forrajear’ o más modernamente ‘inventar’, ‘resolver’; es decir hurtar, tomar cosas abandonadas, o a la desprevenida. La palabra rake actualmente no tiene ese significado en inglés, sin embargo en el Webster Dictionary de 1913 rake aparece relacionada con ransack que significa saquear. De cualquier forma el spanglish evidentemente tiene largas y añejas raíces.


[1] En: Benigno Souza.-Máximo Gómez el Generalísimo. Ed. Ciencia Sociales. Habana, 1972
[2] Quizás esa construcción ya no exista
[3] En: Bernabé Boza.- Mi diario de Guerra. Ed. Ciencias Sociales. Habana 1974
[4] Es de destacar que a lo largo de casi 14 años de combates Máximo Gómez sólo sufriese dos heridas, la primera en la “Guerra de los Diez Años”, en el cruce de la Trocha, un disparo que le atraviesa el cuello y el otro un disparo a sedal en la rodilla, en ambos casos su actitud es inusitada, en la primera herida barboteando sangre manda a tocar la Marcha de la Bandera y continua el avance sobre la Trocha, en el segundo, se acerca a Boza y le dice al oído que está herido, pero que no lo diga a nadie ya que es muy leve, con una serenidad que dejo al el general Boza sorprendido.
[5] Máximo Gómez.- Cartas a Francisco Carrillo Ed. Ciencias Sociales La Habana 1971 Pag 217
[6] Máximo Gómez. Idem Pag 243
[7] Benigno Souza.- Op. Cit. pags 239-240
[8] Bernabé Boza.- Op. Cit. pag 132

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