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Hialeah, Florida, United States

lunes, 27 de julio de 2009

Greguerías de Hialeah [III]


Waldo Acebo Meireles

Aquel año de 1926 fue fatídico para Hialeah, y para Cuba, para esta última no sólo fue el ciclón sino la debacle del nacimiento del Hijo de Birán que aún asola nuestro territorio desde su impúdico catafalco.

En realidad lo de Hialeah fue algo menor en comparación, pero el ciclón dejó unos resultados que hoy nadie supone. De no ser por aquel diluvio que desbordó el río Miami, y los canales que cruzaban por el territorio, anegando las pocas calles del Hialeah de aquel entonces, permitiéndoles a cocodrilos y caimanes el dedicarse a pernoctar en los portales de aquella novísima comunidad, sino fuese por los vientos que arrasaron los techos del hipódromo original, el cinódromo, la cancha de jai-alai y otras divertidas construcciones, pues hoy las cosas quizás fueran diferentes.

Especialmente si los estudios cinematográficos en que se filmaron algunas de las primeras películas de Tarzán y algún que otro drama, no hubiesen sido arrasados por el huracán.

Esos estudios fueron construidos al fondo de donde hoy se encuentra la Planta de Agua de Okeechobee, a un costo de unos $500,000 [lo que representa unos 94 millones en la actualidad]. Entre los directores más afamados que filmaron en estos estudios se encuentran: George B. Seitz ‘Sunken Silver’ [1925]; Rex Ingram ‘The Prisoner of Zenda’ [1922]; D. W. Griffith ‘The White Rose’ [1923], ninguna relación, y ‘Another Scandal’ [1924] también pasaron por estos estudios los actores Eddy Polo en el ‘Captain Kidd’ [1922] filmada parcialmente en Cuba y en Hialeah; Gloria Swanson en ‘The Coast of Folly’ [1925] y Betty Compson en ‘Miami’ [1924] es la actriz que aparece en la ilustración, más arriba.

No soy nada dado a las llamadas ‘historias alternativas’, pero imaginemos por un momento una entrega de los Oscar en la Meca del Cine: Hialeah, para el caso también empieza con H, y a las grandes estrellas, directores y productores, compartiendo una coladita en la esquina.

lunes, 20 de julio de 2009

Greguerías de Hialeah [II]

Waldo Acebo Meireles

En el logo, o escudo, de Hialeah aparece un indio, un seminola, con el brazo levantado, no sabemos si esta parando una guagua La Conchita, o comprobando si está lloviendo, o como dice la historia, o la leyenda, está señalando y nombrando el lugar que hoy conocemos como Hialeah.

Según la más aceptada versión, los hechos ocurrieron de la siguiente manera:

— Hey Jack — Asi es como dicen que se llamaba, seguramente su nombre era otro pero no tenemos que atener a lo conocido: Jack Tigertail — ¿Cómo se llama esto?

Y Jack, que como es lógico no comprendía muy bien el inglés, entendió qué cosa es esto, y entonces respondió, pensando; ¡coño que bruto son estos rubios, eso se ve a la legua!:

— Hi-a-le-ah[1] — Señalando la llanura bastante encharcada que tenían delante. No, no, Jack no era gago es que así escribían Hialeah en los primeros folletos impresos para promocionar la venta de terrenos, que aunque un tanto encharcados, pensaban promover.

Y promovieron. Se construyeron canales, se elaboraron planos, se construyó un inmenso Jack Tigertail[2] [tenía, calculamos, unos 25 pies de altura] con el brazo extendido, suponemos que de madera prensada o algo similar; se organizaron excursiones navegando por el río Miami, y en unas guaguitas muy simpáticas que tenían que hacer un largo recorrido para llegar a su destino. Después se construyó el puente levadizo que une Hialeah con Miami Spring, ya no es levadizo pero se han conservado las estructuras metálicas que permitían elevar el puente.

El genio comercial de los promotores, de los cuales hablaremos en otro momento, generó decenas de inventivas publicitarias e incluso promovió algunas técnicas novedosas para la época.

Un ejemplo de ello fue un vehículo que abriendo sus costados y extendiendo una especie de tienda de campaña se convertía en una vivienda provisional mientras se esperaba la finalización de la definitiva. No tengo información de si alguien utilizó ese lejano antecedente de los vehículos que hoy llamamos casa móvil, ni si ese abuelo de los “Motor Homes” de la actualidad en realidad era algo viable.

Como vemos el lema de Hialeah: “the City of Progress”, se cumplía desde sus lejanos inicios allá por la década del 20’ del siglo pasado.


[1] Hialeah, o Hi-a-le ah, o como mejor nos parezca quiere decir en la variante de la lengua creek que hablaban los seminolas: una pradera, llanura o como diríamos en Cuba: una sabana.
[2] La imagen de Jack representada en la valla nos indica que el mismo pertenecía al grupo conocido como ‘black seminole’ o ‘seminole negroes’ descendiente de la fusión étnica de negros, escapados de las plantaciones esclavistas, con los seminolas. En la versión que aparece en el actual logo de Hialeah, Jack está blanqueado y no se perciben rasgos negroides.

Greguerías de Hialeah [I]

Waldo Acebo Meireles

No lo puedo demostrar con una colección de datos estadísticos, aunque por cierto alguien dijo que con las estadísticas se puede demostrar cualquier cosa, pero mi empírica observación me indica que cuando un cubano llega a estas latitudes y recibe el primer cobijo de algún familiar, amigo, conocido, etc., ese primer asentamiento lo marca y a partir de ahí está más o menos predestinado a seguir viviendo alrededor de esa, su primera ubicación.

Es algo así como un establecimiento de una circunstancial y casual patria chica que lo ata y con el que establece una relación afectiva y efectiva que no siempre es positiva pero que resulta en esa permanencia, en ese merodeo alrededor de los límites de aquella casualidad convertida, no se por qué, en causalidad.

Casi es mi caso, mi desembarco primigenio fue en Hialeah Gardens pero rápidamente me despojé de los jardines y me fui a la ciudad madre: Hialeah. Aún ando por acá, en esta ciudad heredera de lemas marianenses, no me refiero a ningún culto mariano, sino al Marianao de Orúe, aquella ciudad que progresaba, ya no más.

Esta de por acá si lo hace que no todo es ‘agua, fango y factorías’ como dice el chascarrillo popular, basta recorrer la ‘49’ para comprenderlo, más de una decena de bancos, con incluso nuevas aperturas en el fatal 2008, nos habla de que aunque de las factorías ya no queden muchas, las fuerzas económicas están vivas y son pujantes.

Mi amor por Hialeah, fue de esos de primera vista, mi excursión iniciática al día siguiente a mi llegada a estos lares incluyó un cafecito que no era de 3 centavos como los de la antigua Habana pero a 25, por aquellos años, no era para llorar. Y aquella frase de la dependiente: ‘Mi chino si quieres más…’

Dependientas y dependientes cariñosos, aunque no siempre amables, es un rasgo de este Hialeah donde usted puede vivir entre poetas si decidí rentar en la Avenida Antonio Machado casi esquina a José Martí.

Un pacto olvidado: Miccosukee-Cuba


Waldo Acebo Meireles

En el mes de julio de 1959, invitados a las festividades por el 26 de julio, una delegación de indios miccosukees arribó a Cuba, sí, esa misma tribu que hoy posee casinos, hoteles, restaurantes y no se cuantas cosas más.

Pero hagamos un poco de historia para poder enmarcar este hecho, bastante singular, en un marco adecuado: Los miccosukees llevaban años luchando por el reconocimiento de sus derechos ante el gobierno de los EE.UU., con el cual, entre paréntesis, aún se encontraban técnicamente en estado de guerra, ya que después de la ‘Guerras Seminolas’, no se había firmado ningún tratado de paz. Sus múltiples gestiones se veían congeladas por la burocracia de Washington, y el Bureau of Indian Affaire no acababa de tomar una decisión definitiva aunque en 1957 se había producido cierto reconocimiento a las demandas de los miccosukees.

En enero de 1959 y bajo la presión de unos de los miembros del consejo, Wallace ‘Mad Bear’Anderson, fue enviado a Cuba un un pliego de reconocimiento de la Nación Miccosukee al gobierno revolucionario recién instaurado. El mismo estaba en una piel de ciervo [buckskin]. Se dice que el reconocimiento miccosukee se produjo horas antes de el de Washington.

Al parecer esto motivó la invitación hecha a los miccosukees para participar en el primer 26 de julio celebrado en La Habana a donde también fueron invitados, además de los campesinos que inundaron La Habana, a decenas de figuras de América Latina, como Salvador Allende, la hija de Jorge Eliecer Gaitán, Lázaro Cárdenas, Paz Estenssoro, Juan José Arévalo y otros.

La decisión de aceptar la invitación del gobierno cubano no fue fácil, pero influyeron, los rumores de que Cuba iba a apoyar las demandas de la Nación Iroquesa en las Naciones Unidas, las opiniones del abogado Morton Silver, sobre el cual recayeron posteriormente sospechas de ser un simpatizante comunista, y en especial el firme criterio de Buffalo Tigre de que esa visita podría ser de beneficio a la causa miccosukee.

La delegación de los miccosukee estuvo integrada por once miembros de la tribu más Silver y Bob Reno, hermano de Janet, quien fungió como una especie de corresponsal publicando en el Herald un artículo bajo el título “Seminoles Win Cuban Approval” donde describe las conversaciones de los miccosukee con Fidel Castro.

La delegación permaneció entre 3-4 días en Cuba al parecer no aceptando la extensión de una semana más que propuso Castro. Participaron en el acto del 26 de julio como invitados, la foto que aparece más arriba nos indica que estaban en el frente de la Biblioteca Nacional.

La reacción de la prensa en EE.UU, no se hizo esperar, el 29 de julio el Miami Herald criticó con fuerza la jugada de los miccosukee considerandola un truco de un grupo mal aconsejado que ha abochornado a miles de seminolas.

El 4 de agosto aparecieron las declaraciones de Mike Osceola distanciando a los seminolas de la acción de los miccosukees y declarando que ese grupo no los representaban a ellos.

Según Buffalo Tigre, en una declaraciones hechas en 1986, la reacción de Washigton tampoco se demoró:

“When Castro took over Cuba, he wanted us to come over as his guests. We went and were treated ok. When we got back the United States said “ok, don’t go back. Promise you wont, and you will be Miccosukees” “We needed our own power and we had to go to Cuba to get it”

Buffalo Tigre evaluó el viaje a Cuba como un elemento básico en la obtención de los acuerdos que beneficiaron a los miccosukees, en una entrevista efectuada en diciembre de 1997, y publicada en el Miami Herald del 1 de enero del 2000, él ratificó ese criterio:

"...The government wanted to pay us money to shut up. We wanted land set aside for us and to be left alone. No one in Washington would listen to us. So when [Fidel] Castro took over [in 1959], I went over there and smoked some cigars with him and Che Guevara and I asked them: 'Do you recognize the Miccosukee Tribe?' Castro said he did. He said that if the United States would not give us a place to live, we were welcome to go over there and he would make room for us. When we got back, there were all kinds of phone calls from Washington. The government started dealing with us seriously then.''

La conexión Miccosuke-Habana evidentemente favoreció la causa de los indios, los resultados están a la vista, y por suerte para ellos no tuvieron que irse para Cuba, pueden celebrar el 50 aniversario tranquilos.

Excepcionalidad americana.

Waldo Acebo Meireles

No nos podemos quejar, vivimos en un continente muy especial, fuimos el único descubierto, pasando por alto Australia y la Antártica, pero a quién le interesa esas regiones; además nadie discute esos ‘descubrimientos’, sin embargo los antiguos egipcios, los no tan antiguos fenicios, los griegos, los vikingos, con el Erik el Rojo a la cabeza, le disputan a nuestro Colón, y digo nuestro porque sin nosotros que hubiese sido de él; el descubrimiento de qué: del Nuevo Mundo, que Colón confundió con Asia y los cartógrafos del siglo XVI confundieron con América.

Pero lo cierto es que somos un continente excepcional, único, especial, que incluso podemos, a diferencia de Europa, Asia y África, ser considerados como una isla monumental, casi sideral., ya que nos rodea agua por todos los lados, dos grandes triángulos que flotan sibilinamente en el inmenso mar de lo real maravilloso.

Nuestra literatura se ha apropiado del término, y ha tenido sus razones, no vamos a discutirlo, pero lo que realmente es real y maravillosamente es una maravilla, es una temática que otros continentes podrán envidiar pero no les corresponde, es nuestra, sin remedio: los tiranos

Desgraciadamente como somos un tanto dejados, tuvo que venir otro español a descubrirnos la temática. Así apareció ‘Tirano Banderas’ de Ramón Valle Inclán, allá por los años 20, nos dejó a un tirano un tanto turístico, pero con mucho de los atributos que son propios del espécimen. No resulta desagradable este Tirano pero entre los personajes de Inclán preferimos al Marqués de Bradomín, más lascivo y promiscuo pero menos acartonado que Banderas. Pero este fue nuestro, prestado pero nuestro.

Pasaron algunos años hasta que un americano se decidiera a darle continuación a la temática y así surgió ‘El señor Presidente’ de Miguel Ángel Asturias, publicada en 1946, más de 13 años después de escrita, cierto es que se enfrenta a la temática quizás con demasiada prudencia, no era para menos, y el personaje central casi ni es un personaje, son más bien que sus apariciones, las apreciaciones de sus actos y las consecuencias de los mismos lo que delinea al tirano.

La próxima obra será la genial sátira ‘El gran Burundú-Burundá ha muerto’ (1952) de Eduardo Zalamea; la más divertida, ágil y breve de todas con su jocoso desfile de onomatopéyicos.

Los años 70’ serán testigo de una explosión de la temática: Las novelas de Augusto Roa Bastos (Yo el Supremo, 1974), Alejo Carpentier (El recurso del método, 1974), Gabriel García Márquez (El otoño del patriarca, 1975), ‘Oficio de difuntos’ (1974) de Arturo Uslar Pietri y ‘General a caballo’ (1977) de Lisandro Otero, todas ellas brindando legitimas variantes del tema. La más reciente ‘La fiesta del chivo’ (2000) de Mario Vargas Llosa en la cual, como en el caso de la novela de Roa Bastos, el tirano no es un personaje de ficción, sino bien real.

Confesemos que la que leímos con mayor interés y detenimiento fue la de García Márquez, tratando de encontrar claves, oscuras referencias y detalles relacionado con su tiránico amigo, García Márquez es el único escritor, que ha abordado el tema, y que mantiene una relación estrecha con un tirano por antonomasia.

Sin embargo nos gustaría referirnos a la obra de Roa Bastos no por considerarla la mejor, la de mayor interés, o la de mayores méritos literarios, ni tan siquiera por la apócrifa proclama con la que comienza la obra y que preferiríamos ver, no en la Catedral de la Asunción, sino en la de La Habana, nos referiremos a ella por el personaje que retrata: José Gaspar Rodríguez de Francia, este arquetipo del tirano de una exhuberancia que resulta en la envidia de aquellos que históricamente continuaron su ejemplo, con menos coherencia quizás, pero con el mismo entusiasmo destructivo.

El Dr. Francia, como también gustaba ser llamado, generó una suerte de mezcla del socialismo de los jesuitas de largas y profundas raíces en las misiones del Paraguay con una xenofobia extrema, aunada a la continuada intervención en las actividades productivas, tanto agrícolas como industriales, expropiando la mayor parte de las tierras y poniéndolas en manos de sus seguidores. Propició la enseñanza en escuelas estatales, preconizo la vida espartana, y la austeridad, abolió las procesiones religiosas, y otras festividades, no le bastaba con controlar el mundo material, necesitaba el control del espiritual, el dominio total de cuerpos y almas y así, para evitar influencias externas, cerró las puertas al comercio exterior, lo cual estaba también en correspondencia con la filosofía numantina del tirano.

Casualmente los textos de historia cubanos, tanto los universitarios como los de la enseñanza media alaban al tirano Dr. Francia sin ningún pudor, ¡qué raro! Entre las numerosas citas que se hacen del tirano esta es la que más disfrutamos:

"Si el Papa viniera al Paraguay, puede ser que le nombrara mi capellán, pero bien se está él en Roma y yo en La Asunción."

miércoles, 1 de julio de 2009

Sólo para entendidos.


Waldo Acebo Meireles

Dejémosle los Velásquez, con sus consabidas Meninas y sus maravillosos Borrachos a los que entienden de esas fruslerías; los Goya, Grecos, Sorollas y esos prodigios del Bosco que en el Museo del Prado esperan por los entendidos.

Mejor conozcamos que las fabadas asturianas no se hacen con judías sino con fabas y que necesitan obligatoriamente del delicado azafrán; y que los caldos gallegos no son potajes, sino eso: caldos, que humean regocijantes.

Nada del Thyssen Bornemisza y sus Picasos, Dalíes, Goncharovas, Matisses, Manets, fauvistas, cubistas, expresionistas e impresionistas y tomemos un buen tiempo disfrutando con el paladar el Museo del Jamón con una casi infinita selección de obras de arte en eso de embutir carnes en tripas y en descifrar las sutilezas de un “jamón pata negra”, en comparación con un serrano [que nada tiene que ver con lo que por acá conocemos] o un jamón de bellota u otro curado.

Ignore usted Palacios Reales y Catedrales de Almudena y siéntese a degustar un vino riojano frente a esos inescrutables monumentos, y a un lado del Teatro de la Opera, y como reza un anuncio con clara premonición, “¡Al diablo con la crisis! come y bebe bien”, disfrute del aire fresco, del vino y de un buen queso que fue en algún momento leche de cabra montuna en Asturias y viva usted el momento. Innecesario aviso para esos madrileños que en tropeles inundan la Gran Vía a cualquier hora del día, y hasta adentrada la medianoche.

En Toledo le sugiero que se olvide del Alcazar, de la Catedral, de las antiguas y reconvertidas sinagogas, pase por alto al majestuoso Entierro del Conde de Orgaz con sus alargadas y fantasmagóricas figuras y por esa misma callejuela en la que se desciende de la venerable iglesia de Santo Tomé, se encontrará una fonda, que no restaurante, donde entre caña y cañas [de cerveza claro está] degustará sabrosas aceitunas que saben a eso: aceitunas. Y no olvide los mazapanes que se disuelven en la boca como si quisieran escurrirse y no lo logran.

Si quiere sorpréndase con el acueducto romano en Segovia, que no es más que el producto de la ignorancia romana de la dinámica de los fluidos, disfrute el vientecillo que baja de los montes, recorra la judería, repase los interiores góticos, y barrocos a la vez, de su fabulosa catedral, camine un poco más hacia el lomerío y recorra el Alcazar lleno de imaginerías, tapices, armas, armaduras y blasones, déle un vistazo a los artesonados, pero no deje ¡jamás! de paladear el cochinillo, pero antes de trincar el infeliz animalillo con tenedor y cuchillo, permita que el aroma de ese exclusivo preparado le penetre hasta lo mas profundo de su entendimiento, que de eso se trata de entender lo perfecto, lo que esta a punto y es por demás suculento.

En Oviedo con ese clima casi londinense, donde la llovizna obliga a paraguas reticentes, pase usted por la catedral y por la plaza adyacente, pero sin mirar para atrás baje a todo dar hasta Gascona, salude rápidamente la estatua de la gitana que allí lo espera y adéntrese en ese mundo inesperado de la sidra. Está usted en el Boulevard de la Sidra donde los camareros escancian la bebida desde la altura máxima de su brazo a un pequeño vaso que casi esconden cerca de sus rodillas, el juego de malabares rompe, como ellos dicen, la sidra y usted debe tomársela de un solo trago, el resto, si es que queda, va al piso lanzada por ese camarero portento de equilibrio que te escancia tu nuevo trago.

No se quede allí, avance más abajo y entre en otra, y otra, y otra, y otra sidrería y probara distintos tonos de la magia de esa sidra natural que nada tiene que ver con la que conocíamos. Y cuando entienda que no es saludable una sidra más pues penetre en los menús que ofertan picadillo de jabalíes y otras delicadezas de ese rústico tono. No deje de probar los frixuelos con una fina azúcar espolvoreada.

Y si usted es un aventurero y sale a buscar lo más autóctono y se olvida de los múltiples monasterios y otros monumentos del medioevo podrá llegar a Cornellana y degustar esa carne macerada con una piedra del río Nalón sobre una mesa de mármol, luego trabajada y finalmente enharinada para después de frita saborearla como un “Pepito”, que en este lugar se anuncia: ‘’Ni en Cornellana, ni en la Habana hay Pepitos como los de la Grana’’.

Tal vez en un afán de montañero usted se adentra en la montuosa geografía asturiana y llega a Campo de Caso, el Campu en astur, y admira el paisaje, recorre el pequeño poblado, penetra en una dulcería que hace un pequeño dulce que tiene que ser el antecesor directo de aquellos polvorones o “torticas de Morón” de mi infancia lo cual me remonta a aquel abuelo que salió de este poblado y jamás regresó. Pueblo antaño de mineros del carbón, anarquistas, y criadores de un ganado que se fomentó en una nueva raza, la vaca casina: ancha de pecho de subir las montañas como si fuese cabra y con largas cornamentas, de su leche se confecciona el queso casín, fuerte y aromático.

Pero desdeñe el paisaje y las bucólicas imágenes, penetre en una de las tantas casas de indianos construidas hace años con dineros salidos de Cuba, ahora convertida en hotel-restaurante, y enfrente una tabla de embutidos, embuchados y jamones hechos artesanalmente, en uno más que en otro, con la montería que se caza por estos lares. Deje sitio para los postres endulzados con una miel ligera y transparente que solo se da en esta zona.

En Sevilla no deje usted de paladear la Manzanilla ese vinillo dorado y seco que se sirve en una pequeña copa abocinada con culo grueso, no se extralimite que hay que mirar a lo alto a la Giralda y comprobar que la giraldilla habanera es una púdica descendiente de esta veleta que corona el reciclado minarete. Pasee un poco por los jardines del Alcazar para refrescar los calores y siéntese a pocos metros de la maravillosa catedral a degustar una paella, que le recordará la versión cubana, y pida un plato de pescado; sorpresas para el paladar: merluzas, lenguados, boquerones, sardinas y otros de los cuales no se su nombre solo que saben a ambrosia para ictiófagos.

Si piensa darse una vuelta por El Escorial levántese temprano, pero no demasiado, y desayune con un chocolate bien caliente y espeso, casi como natilla, acompáñelo con unos churros, o si prefiere pan con mantequilla, pero le recomiendo el pan con aceite, ese aceite de oliva que huele y sabe a olivas

El Escorial con la rigidez, sobriedad y simplicidad del estilo herreriano en su máxima expresión, sumado a la complejidades de los enlaces dinásticos de Habsburgos y Borbones, el riguroso orden de su marmoreos catafalcos y el hecho de que una guía desconozca que los cedros y caobos que forman este descomunal palacio-mausoleo de Felipe II fueron cortados en Cuba; no debe quitarle a usted el apetito para saborear a unos pasos del monasterio de una sepia al vino y ¡maravilla!, disfrutar las torrijas que no se encuentran en otro lugar salvo en Semana Santa, quizás sólo aquí aparecen por peculiar dispensa eclesiástica.

Quizás caso único dos catedrales, en la ciudad de Zaragoza, una de ella la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, patrona de los países hispanoamericanos, la otra la del Salvador, esta última en la Plaza de La Seo que no ofrece solución de continuidad con la Plaza del Pilar, conformando una extendida plaza adornada con múltiples fuentes y escondiendo en su subsuelo las ruinas del foro romano. No se detenga a localizar la bandera cubana entre las múltiples que enmarcan el barroco altar de la Virgen del Pilar, ni ocupe su tiempo en desentrañar los vericuetos de una fuente moderna que representa a Hispanoamérica y que de las islas solo incluye a Cuba.

Haga abstracción de las murallas, teatro y demás restos romanos, no se fije en el Torreón de la Zuda, ni en el Palacio de Aljafería, ni en los tantos ejemplos del mudéjar que encierra la ciudad, deleite su paladar con un plato aragonés: el ternasco acompañado de “papas a lo pobre”, y que no lo engañe el nombre, son riquísimas. No sea pudoroso y sumerja su pan en la olorosa salsa.

Pero en esta única ocasión le digo que no pase por alto que en la Calle Mayor número 13 casi esquina a Virgen vivió José Martí a pocos pasos de la Basílica de la cual oiría a cada hora sus campanadas, imagínese su recorrido hasta la Universidad a unas diez cortas cuadras y trate de adivinar en donde viviría la incógnita mujer a quien quiso. Y así estará usted bien servido.

viernes, 15 de mayo de 2009

Política y virus

Waldo Acebo Meireles

Terminada, o casi terminada, la comprensible reacción que en algunos países estuvo al borde de la histeria, es necesario hacer un breve recuento.

El H1N1 ya era conocido desde por lo menos diciembre de 1985 cuando un joven en una granja en Wiscosin contrajo una gripe, relativamente benigna que lo mantuvo en cama tres días y que no trasmitió a sus familiares. Algunos investigadores relacionan esta variante del virus de la gripe con la pandemia de 1918 que mató a más 100 millones de personas.

La gripe es, en la mayor parte del mundo, una enfermedad estacional, para la cual se utilizan vacunas elaboradas específicamente para las variantes probables que puedan afectar en ese año, es decir que no existe una vacuna que evite todas las variantes posibles del virus de la gripe. Por otra parte millones de personas son afectadas cada año y la mortalidad se produce básicamente en personas mayores, débiles, o niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas.

A mediados de marzo se produjo un brote de gripe en México, al mismo tiempo en el sur de California se reportaron dos casos de niños enfermos que el “Centers for Disease Control and Prevention” [CDC], ubicado en Atlanta, Georgia, identificó como infectados por el H1N1. Muestras de sangre de los enfermos mexicanos fueron enviadas a un laboratorio en Winnipeg, Canadá, donde se encontró que eran positivas a esa variante del virus de la gripe. La epidemia fue evolucionando lentamente y empezaron a detectarse casos en otros lugares de EE.UU. y México.

El 29 de abril la OMS, Organización Mundial de la Salud, WHO por sus siglas en inglés, lanzó la alarma al determinarse la existencia de casos en diferentes países, como: Austria (1),
Canada (13), Alemania (3), Israel (2), Nueva Zelandia (3), España (4) y el Reino Unido.

El “Centro de Control y Prevención de Enfermedades” de la Unión Europea coincidió con la OMS en la necesidad de lanzar el alerta, ya que la epidemia podía desatarse rápidamente y convertirse en una pandemia. Por suerte no ha ocurrido así.

México se comportó responsablemente y tomó medidas severas para evitar la difusión del virus, lo cual salvó vidas mexicanas y no solo mexicanas lo cual fue reconocido por la OMS, el mundo entero debe agradecer a México por las medidas tomadas, a pesar de lo que, con ello, afectó a su debilitada economía.

Sin embargo ante esta amenaza de pandemia no todos reaccionaron igual: Castro acusó a México de ocultamiento de la epidemia para no afectar la visita del presidente de los EE.UU.; Argentina, Cuba, China y Singapur de inmediato suspendieron los vuelos hacia, o desde, México; cierta prensa comenzó a elucubrar conspiraciones de los laboratorios para promover la venta de las medicinas que atacan esos virus; otros acusaron directamente al ex- Secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld por sus relación con los laboratorios que producen el Tamiflu, uno de los dos productos farmacéuticos que pueden ser utiles en el tratamiento del H1N1. Hay quienes acusan al gobierno mexicano de suspender la manifestación del 1º de Mayo, porque iba a ser una demostración anti-gubernamental, otros opinan que la cuestión es alejar de los titulares lo referido a la crisis económica, el asunto de las torturas, etc., etc.

En Egipto no solo se procedió a matar toda la población porcina, [los musulmanes no consumen carne de puerco] sino que grupos islamistas declararon que el H1N1 era “una venganza de Alá contra los infieles”.

El ministro de Salud de Indonesia, Siti Supari, acusó directamente a las compañías farmacéuticas y aunque dos días después se retractó sin embargo declaró que las variantes de virus de la gripe que se encuentran en su país son propiedad de Indonesia, estableciendo así el ‘principio’ de soberanía viral.

Indudablemente que vivimos en un mundo loco, loco. Pero esas reacciones son realmente una amenaza para la salud mundial, tanto o más que cualquier epidemia viral.

lunes, 20 de abril de 2009

Crisis y solidaridad

Waldo Acebo Meireles

En la fila [cola] para pagar en el mercado tenía delante de mí una señora bien entrada en años, llevaba dos mangos y un aguacate pequeño, no mayor que mi puño.

Al llegar frente a la cajera, que al parecer ella conoce, le dijo familiarmente: “mira ver cuanto vale este aguacate, porque si vale 100 pesos no lo quiero” La cajera puso el aguacate en la balanza electrónica, marcó el código correspondiente y anunció con presteza: “uno treinta y dos”

¡No lo quiero!, fue la rápida respuesta. Ahí mismo la cajera la emprendió con una seria disquisición acerca de la imposibilidad de comerse un billete de a dólar y los treinta y dos centavos, y lo bueno que estaban esos aguacates.

Una señora, no tan mayor, que había pasado antes de la del aguacate, y que estaba aún acomodando sus compras en el carrito, se viró y se ofreció a comprar el aguacate, si conocía o no a la otra, no lo se, es probable que si.

La negativa a que le comprasen el aguacate fue rotunda pero sin estridencias, ni reflejaba molestia alguna, quizás un poco de orgullo. Pagó sus dos mangos y salió sin prisa.

Poco después yo salí y me encontré a la señora del aguacate depositando en la mano de un mendigo, que pedía sin pedir, una monedas, probablemente las que le sobraron de la compra de los mangos.

Diálogos, monólogos y otras flatulencias.

Waldo Acebo Meireles.

Creo que debo empezar por una declaración de principios: No creo que los cubanos estén condicionados genéticamente para el diálogo. El mal es de raíz, no tiene arreglo, mi pesimismo al respecto es definitivo y no estoy dispuesto a cambiar de idea, así que pueden decir lo que les de la gana pero si no están de acuerdo conmigo son unos ignorantes, o tienen alguna falla cerebral, o están buscándose un problema.

Quien se haya leído las actas de las patrióticas asambleas de Guaimaro, Jimaguayú y similares me entenderán de inmediato, los que no las conozcan no tiene nada que discutir conmigo. La exaltación, la bravuconería, el disparate convertido en pronunciamiento político se mantuvo en la Asamblea del Cerro y en su continuación buscando la definición de la constitución republicana. Máximo Gómez, el mismo incapaz del diálogo, fue víctima transitoria de las patrióticas y exaltadas demandas.

Las fórmulas parlamentarias en el suelo criollo no florecen, podemos producir grandes oradores, pero somos incapaces de crear figuras políticas que manejen las sutilezas del diálogo político. El escarnio, el sopapo, el gaznatón, o la amenaza del mismo, están entre nuestros más usados instrumentos en el arsenal parlamentario criollo, sin olvidar la pistola sacada de vez en cuando, o el ¡te espero afuera!

Adonde más llegamos es al ‘tira y encoge’ en caso del reparto de alguna prebenda de menor cuantía, pero si el botín es más sustancioso pues ni eso. Nuestra convulsa vida republicana lo demuestra, los pocos ejemplos contrarios solo confirman lo dicho.

Terminada la república, se terminó cualquier disfraz que escondiese el alma real del cubano ahora ni caray de diálogo, llegó la apoteosis del monólogo, la consagración del discu-rso sin discu-sión, la tesis sin antitesis y sin hipótesis, la palabra sagrada, la infalibilidad papal sin la curia, la acusación sin defensa, el ataque sin respuesta. Llegamos al estado natural del ser cubano, el ser perfecto, el ser capaz de comprender los más complejos problemas con nada más ser mencionados.

El florecimiento de la arrogancia ilimitada e incontrolada se hizo consustancial con el diario pergeñar del cubano, ya estábamos en nuestro caldo, en el nos salcochamos.

Cualquier funcionario de décimo tercera categoría, se considera omnipotente y omnisapiente, su opinión no discutida es aceptada por los que quedan en el escalón inferior y el resto de la humanidad y así ocurre de escalón en escalón sea hacia arriba o hacia abajo. Aunque en ocasiones ocurre que memos departamentales echan abajo circulares ministeriales y estas a su vez modifican o invalidan leyes vigentes.

La trompetilla, órgano civil de la discrepancia, quedó abolida de inmediato, por grosera imitación de una flatulencia de carácter contrarrevolucionario; la misma discrepancia desapareció de plano, ya nadie discrepa, la unanimidad es imprescindible y el más ligero desliz puede ocasionar que te tilden de gusano, lo cual lo podemos considerar como un insulto, pero peor aún de agente del enemigo, o anexionista, y ya eso no es un insulto sino una amenaza con posibles y rápidas consecuencias, por cierto bastante desagradables.

¿Nunca han visto los hermosos monólogos que se producen en la Asamblea Nacional? ¿No se han percatado de la unanimidad de los ‘acuerdos’ que se toman? ¿Qué más quieren? Es por ello que me sonrío cuando alguien de por acá, e incluso de por allá, sin lugar a dudas con las mejores intenciones, hablan del diálogo, de qué diablos hablan. No se.

Pero no piensen que por acá la cosas andan de otra manera, los cubanos son cubanos en donde quiera que estén, lo que de signo contrario, o más o menos contrario, que nada es absoluto, salvo mi opinión. Intenta discrepar con los próceres de por acá, y los no tan próceres, y la andanada que te espera es violenta lo menos que te toca es la de ser agente castrista o cripto-comunista. McCarthy se debe revolcar de alegría en su cripta.

Los años que han vivido por estas tierras los cubanos, disfrutando aunque sea de lejos del diálogo democrático, civilizado y constructivo, de nada ha servido. Siguen siendo cubanos y a mucha honra.

¡Y el que no esté de acuerdo es un tarado mental!

lunes, 13 de abril de 2009

En el fondo del problema

Waldo Acebo Meireles.
Un interesante trabajo de Oscar Espinosa Chepe aborda el principal problema en la agricultura cubana y el fallido aborde por el Decreto-Ley 259, el problema de la propiedad de la tierra, que en ese decreto no se soluciona sino que se reafirma la voluntad gubernamental de monopolizar la tierra.

Los campesinos, o aspirantes a tales, solo reciben la tierra en posesión, y limitada a diez años, sin contar que las causales para perder el usufructo son múltiples y variadas. Con franqueza me resulta difícil de imaginar a alguien dispuesto a gastar capital, y a dedicar sus energías físicas a condicionar una tierra que le puede ser arrebatada en cualquier momento. Sin embargo al parecer se cuentan ya por miles los que tienen esa disposición, muchos de ellos esperando que la tramitación burocrática culmine y puedan ponerse a trabajar.

La otra limitante del decreto es la cantidad de tierras a entregar por persona natural o jurídica que es de 13.42 ha. [una caballería] y en los casos en que el solicitante ya posea tierras en propiedad o usufructo el tope máximo sería de 40.26 ha. [3 caballerías] esto como ya en otra ocasión mencionamos puede convertirse en una traba para determinados renglones de la actividad agropecuaria.

Pero el problema va más allá para tocar fondo. Veamos, si partimos de las cifras, que aparecen en el artículo mencionado, veremos que se está entregando la tierra a un promedio de 10 ha. por solicitante, es decir menos que lo establecido por el decreto, esto puede ser perfectamente lógico ya que es posible que muchos solicitantes no lleguen a solicitar el máximo establecido en el decreto. El problema es otro si aceptamos que las cifras más serias establecen que el 65% de las tierras de cultivo están ociosas o abandonadas entonces 4,4 millones de ha. están ociosas entonces será necesario entregarle tierras a 440 mil campesinos o aspirante, lo cual me parece bastante difícil de lograr en un país que aniquiló su clase campesina.

Las mismas cifras que se dan lo dejan bien claro el 80% de las solicitudes provienen de personas que no tienen tierra alguna, o sea son aspirantes a campesinos, más bien aspirante a ‘precaristas’ que es como se le conocía en Cuba a aquellos que ponían en cultivo una parcela sin la seguridad de que el dueño no se la arrebatase en cualquier momento. Siendo todo esto así hace falta unos 300 mil aspirantes para supuestamente poner las tierras ociosas a producir.

domingo, 12 de abril de 2009

¡Otra vez las remesas!

Waldo Acebo Meireles

En esta ocasión es un artículo de Marifeli Pérez-Stable la cual toma los datos de Diálogo Interamericano, La condición cubana: migración, remesas y su diáspora, de Manuel Orozco y por suerte ofrece un link que permite bajar un pdf de ese trabajo.

Pasemos por alto el artículo de Pérez-Stable que tomó acríticamente conclusiones como la de que el 36% de los receptores de remesas en Cuba ahorran de la misma un promedio de $500 [US] anualmente. Es evidente que aceptar esa cifra es estar desconectado de la realidad cubana, donde la población vive al día y es difícil de imaginar que tan alto porcentaje de recipientes puedan ahorrar semejante cifra.

Pero veamos la fuente primaria, este documento de 21 páginas es el resumen de la encuesta a 500 personas [300 en USA y 200 en Cuba].

En un artículo anterior decidí suponer que las encuestas, la determinación de la muestra, el procesamiento etc., seguramente se ajustaban al mayor rigor científico y sin ninguna posibilidad de sesgo estadístico. Ahora con los resultados a la vista tengo que desdecirme y señalar que el sesgo estadístico es evidente cuando, por mencionar un elemento, entre las 7 ciudades que reciben mayor cantidad de remesas se encuentran: Jibacoa; Santa Lucía y El Salado [pag.14] O no saben que esas poblaciones no tienen peso demográfico, o ni tan siquiera saben que son unas pequeñas poblaciones costeras.

Otro elemento que denota incongruencia es el de las cifras de remitencias según los receptores es de $467 millones y de acuerdo a los remitentes es de $623 millones lo cual representa una falta de correspondencia de un 25%. Era de esperar que estas dos cifras no coincidieran, pero deberían expresar un nivel de aproximación mucho mayor. [Tabla 10 pag.7].

Existen otros elementos en los datos suministrados que inducen a dudar de los resultados, pero queremos detenernos en el asunto del “ahorro” mencionado más arriba: En la pag.10 se señala que el 36% de los receptores ahorran un promedio de $500 [US] anualmente.

De aceptar estos datos tendríamos que aproximadamente $16 millones son ahorrados anualmente por unos 3 millones de personas, pero la cosa no queda ahí ya que en la pag.18 esa cifra se eleva a un promedio de $940.41, por tanto prácticamente se duplica el promedio de ahorro, y por tanto el total ahorrado. Para destacar aún más lo absurdo de estas cifras anotemos que en la pag.19 aparece que los receptores reciben un promedio de $130, 8 veces al año, por tanto reciben $1090 anualmente, entonces ¿cómo pueden ahorrar $940?

En un trabajo anterior yo llegué a la conclusión de que en Cuba se estaba dando un proceso de atesoramiento mi suposición se basaba en la incapacidad del mercado estatal de colectar todo el dinero recibido del extranjero por lo ciudadanos, pero esta suposición partía de que el dinero al circular en mercados alternativos, eufemismo por ‘bolsa negra’, lentamente se acumulaba en pocas manos y claro está no en el 36% de los receptores, lo cual en mi opinión es irreal.

Otra de las irrealidades con relación a ese ahorro es que el 34% de los encuestados que ahorran, [estamos hablando de un millón de personas aproximadamente al traspolar los datos] respondieron que ahorran para iniciar un negocio, esos encuestados en que país viven, de que negocio están hablando. No, esos no pueden ser cubanos viviendo en Cuba.

sábado, 4 de abril de 2009

La "unidad" como demagogia

Waldo Acebo Meireles

No me voy a detener en el desvergonzado título del artículo, con ese cuento llevan 50 años, y para el caso en realidad la discrepancia no es ni fue síntoma ni muestra de desunión.

Pero hay dos afirmaciones que me gustaría refutar, la primera: Gómez sí se percataba de el interés que se ocultaba en la desmovilización del Ejercito Libertador pero en la práctica el ejercito se estaba desmovilizando por su cuenta, había terminado la Guerra, los mambises eran en realidad civiles, y por otra parte llevaban meses en el limbo que para ellos se produjo después de la derrota de España.

Mal vestidos, peor alimentados, ya no tenían el recurso de tomarle los avituallamiento al enemigo, ni el asaltar una población para obtener medicinas u otros recursos necesarios, ni pedirle contribuciones de guerra a un hacendado, colono o el dueño de un central.

Gómez conocía perfectamente el grado de deterioro que en las tropas se estaba produciendo y sus efectos en la moral de aquellos que en el mejor de los casos dependían de las limosnas en alimentos que recibían del ejército de ocupación. Su interés por tanto no sólo estaba en el no endeudar la república sino también viabilizar una desmovilización que en la práctica se estaba produciendo de manera desordenada y sin beneficio para nadie.

En segundo lugar no creo que tachar a la Asamblea del Cerro de ingenuidad política se ajuste a esa situación, la Asamblea no solo pretendía el reconocimiento de su autoridad sino también, y lo cual era vital para la constitución de la republica, el poner de su parte a Wall Street, no eran tontos en aceptar un préstamo leonino, confiaban en que la avaricia de los prestamistas actuara en su favor y los cabilderos en Washington pusiesen todo su peso en el reconocimiento de Cuba como independiente y por tanto con una deuda en la arrancada.

Qué hubiese pasado de haber tenido éxito la Asamblea del Cerro, eso lo dejo a aquellos que gustan de las historias alternativas.

lunes, 23 de marzo de 2009

Sobre los conflictos de Rolando Rodríguez

Waldo Acebo Meireles.

Le doy la razón en algo al historiador- filósofo-novelista –funcionario, y no tiene que ser en ese orden, Rolando Rodríguez y es en el que los historiadores, o los que escriben de historia por mejor decir, deberían de aprender a narrar para lograr el interés de los alumnos.

Sin embargo en ese presupuesto se esconde una añagaza, que consiste en que por muy bien que narre el pretenso historiador si parte de tomar, como hace Rodríguez, ‘La historia me absolverá’, como uno de los cinco textos indispensables para conocer nuestra historia, entonces no va a ser muy atractiva esa historia. De ese tipo de historia estamos ya saturados.

Creo que también podemos aceptar como válido su opinión de que “El problema es que si no entiendes el siglo XIX, nunca entenderás el XX.” Tampoco vamos a entender este siglo XXI si no entendemos los últimos 50 años del XX.

Pero ese párrafo además de incluir una loa definitiva a la Revolución y Fidel, lo cual pone en entredicho su disposición a escribir una historia verdadera, incluye el siguiente criterio sobre las posibilidad y necesidad de escribir la historia de estos últimos 50 años: “Aunque desde ahora declaro que será difícil de escribir ese medio siglo porque casi no hay papeles. Las computadoras van a matar la historia”.

¿Qué no hay papeles? Sí que los hay lo que no al alcance de los historiadores, por poner un ejemplo, todos, quizás no todos, los documentos del INRA se encuentran en el Archivo Nacional y forman parte de un fondo llamado ‘verde’ [parece que la intención es que se lo coma algún chivo] y es inaccesible, echarle la culpa a las computadoras es un subterfugio poco serio. Y esto para no hablar de los documentos que estuvieron bajo el control directo de Celia Sánchez y que sólo fueron accesible, parcialmente, a un investigador soviético, lo cual despertó los callados, o dichos en voz muy baja, resquemores de todos aquellos que en su momento pretendieron entrar en el ‘sancta sanctorum’ de las fuentes primarias sobre el proceso revolucionario.

Tal vez Rolando Rodríguez sea el próximo iniciado que pueda acceder a los misterios de ese proceso, lo único es que dudo de que pueda escribir esa historia de la que él habla: sin buenos ni malos.

Imágenes futuras

Waldo Acebo Meireles

La vision de ‘Contra las bestias del olvido’ del diseñador cubano Erik Ravelo me ha provocado un conflicto de sentimientos a veces no tan opuestos como contrastantes.

La imagen de una Marilyn Monroe envejecida, aquel terso cuello ahora lleno de arrugas, la que fuera una mirada de provocativa ha perdido su fuego detras de unos parpados caidos, los carnosos y sensuales labios ahora están resecos, esa imagen ha generado en mi la desazón que produce ver lo destructivo que resulta el paso de uno a través del tiempo, el sin sentido de un símbolo que se diluye en este caso un simbolo sexual que tuvo una trascendencia casi universal.

La otra imagen es la del ‘Che’, barba canosa, arrugas bajo los ojos, en la frente, casi oculta por la boina de siempre, bajo los labios, la nariz que se ha afilado, pero los ojos, aún rodeados de arrugas miran torvamente, aquí la imagen se corresponde con mi vision del personaje, este no es el simbolo libertario, profético, rebelde que seguirá llenando las camisetas de los jovenes que se lancen a manifestarse por cualquier justa, o no, demanda. Este no el simbolo del futuro luminoso, es el simbolo del presente desastroso.

Conociendo el valor de una imagen, no me refiero a aquello de que valen por mil palabras, sino precisamente lo contrario que las sustituyen y se prenden en la iconografia del inconsciente estimulando pasiones o desencantos. Conociendo ese valor es que ha resultado un regalo para el futuro de nuestro país las imagenes del déspota en Addidas, con los ojos hundidos, casi sin pelo, el rostro cadavérico, esa será la imagen que quedará porque lo retratan en su ser interno y no aquellas saltando de un tanque, o mirando al futuro debajo de una boina verde, o aquella bañado, peinadito, y de uniforme de gala discurseando en algún congreso del glorioso partido.

Esa será la imagen que aparecerá en los futuros textos de Historia y no aquellas otras, y esos futuros alumnos se preguntaran por lo bajo: “¿Y este fue el que jodió el pais? “

sábado, 7 de marzo de 2009

El dilema de la Cucarachita Martina

Waldo Acebo Meireles

Este clásico de la cuentística infantil, posee, como cualquier cuento que se respete, múltiples interpretaciones: que si refleja el feminismo, que si tiene un trasfondo racista ya que la oscura cucaracha optó por blanquear su rostro con polvos, o por el contrario, antirracista ya que se casó con un ser de otra especie, que si es machista dado que la hacendosa cucarachita era quien limpiaba, cocinaba, etc., etc. De lo que no hay dudas es que tiene un final que los hermanos Grimm hubiesen envidiado: El ratoncito Pérez muere achicharrado al caerse en una olla de sopa hirviendo. ¡Le zumba, que cuentecito infantil este!

Pero los clásicos siempre, o casi siempre, tienen una enseñanza que en el asunto que nos ocupa no es precisamente el de evitar comer cebollas. Lo que nos interesa es el dilema de la cucarachita, el cual tiene dos partes, dos momentos trascendentes. El primero es ¿qué me compró?, y el segundo es ¿con quién me caso?

No se por qué, pero el dilema de la cucarachita me recuerda el dilema de los cubanos [de Cuba, porque para lo de acá no hay dilema: “No Castro No Problem] Supongo que sea por el hecho, no estadísticamente demostrado, que uno de las deficiencias actuales de la mayoría de los cubanos es la de su incapacidad de tomar decisiones; incapacidad adquirida durante casi medio siglo de patrocinio del pensamiento, de protección paternalista, de emasculamiento de la reflexión, de, en resumen, la inhabilidad, probablemente no conscientemente estructurada y generada, de comparar, pensar, decidir y actuar de manera independiente, sin necesidad de consultar memos, orientaciones, directrices, mirar para arriba, o casi siempre por encima del hombro, y otras actitudes muy saludables en una sociedad donde se premia la obediencia sin límite, la mediocridad rampante y, desde hace buen tiempo, la fe, que ya no es la confianza, en los dirigentes.

Pero la Srta. Martina, nacida, criada y educada en otra época, resolvió sus dilemas, bien o mal, que ese es otro asunto, pero los resolvió ella solita. Cuando se ganó, o se encontró, su centavito, que el cuento no nos dice si era un “quilo prieto” de los del Lincoln, o si era un centavo de los de la estrella solitaria, o de los de Martí; ella miró su dinerito y tomó su decisión, no sin profundas disquisiciones: comprar polvos, tal vez hubiese sido más sensato hacer otra cosa con tamaña riqueza, pero esa fue su decisión entre las múltiples que tenía y debemos respetar su cucarachil resolución.

Después toda empolvada se sentó en el portal y cuanta bestia pasaba se enamoraba de ella [al parecer no fue tan mala decisión la compra de los polvos] y le decían que qué bonita estaba y si se quería casar, a lo cual ella contestaba con una suprema modestia y le añadía una pregunta con una nada oculta trascendencia erótica: ¿Qué tu haces por la noche? Al fin encontró el príncipe azul de sus sueños y se casó con el Ratoncito Pérez, que muchos malpensados consideran lo hizo por interés ya que era pariente cercano del millonario Mickey Mouse.

El trágico final poco tuvo que ver con las decisiones de la cucarachita, sino con la desobediencia del escaldado ratón y su inmoderado apetito.

Cuál es la moraleja, no creo que sea ‘no te compres polvo’, o ‘no te cases con ratones’, o ‘no hagas sopas de cebolla’, sino pienso que la moraleja es: ‘no confíes en que tu pareja te va a hacer caso, no lo dejes solo y mantén el control de tu casa’.

¿Serán los cubanos capaces de decidir, para bien o para mal, que comprar? ¿Serán capaces luego de seleccionar su pareja, sea ello por amor o por interés? Y por último y lo más importante: ¿Serán capaces de mantener el control de sus acciones y de su destino?