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Hialeah, Florida, United States
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viernes, 25 de septiembre de 2009

Greguerías de Hialeah [X]

Waldo Acebo Meireles

Decir que la mayoría de la población de Hialeah es hispana o de origen hispano y en especial cubana, es una perogrullada de primer orden, lo interesante sería saber a partir de cuando comenzó a producirse ese fenómeno que convirtió a Hialeah en la segunda ciudad de los EE.UU. en cuanto a porcentaje de población de origen cubano, en 2008, la primera, lo cual será una sorpresa para muchos es: Westchester con un 76%, Hialeah sólo tiene un 75%.

Hialeah ocupaba en el 2000 el cuarto lugar en cuanto a totales de población hispana, con un 90%, el primero lo ocupaba East Los Angeles con un 97%, los otros lugares estaban ocupados por Laredo 94%; y Bronsville 91%, ambos en Texas.

De acuerdo al censo de 1970 la población de origen hispano casi había alcanzado un equilibrio con la nacida en el país llegando a un 44%, para el censo de 1980 pasó a un 74% alcanzando la mayoría que mantiene hasta el momento, nada parece augurar que perderá esa supremacía.

Ahora bien, ¿cuándo empezó esa penetración hispana? Los censos de 1930 y 1940 no reflejan esos datos, sin embargo para 1930 tenemos una fuente de información insospechada el Polk’s Hialeah City Directory[1] para ese año.

Según ese directorio, bastante confiable, además no tenemos otra cosa, enumera 29 personas viviendo en Hialeah con nombres y apellidos de evidente raigambre hispana, por ejemplo hay 6 Pérez, ¡qué raro! De ellos 17 hombres y, claro, 12 mujeres.

Lo más interesante es que cuatro trabajaban para la Universal Cigar Co., muy probablemente ubicada en la misma Hialeah, y ochos más aparecen catalogados como “cigar maker”, verosímilmente eran artesanos independientes, o en buen cubano: torcedores de tabaco chinchaleros.

Es decir que para 1930 un poco más del 1% era de origen latino y ahora una afirmación arriesgada: eran cubanos.


Nota: La imagen que aparece más arriba es la de unos de los folletos de promoción para la venta de parcelas, alrededor de 1920. Lo interesante es que aparece el primer lema de Hialeah: “The Gate-way to the Everglades”, en los años 30’ el lema pasó a ser: “Pacemaker of the Peninsula”; para los 40’ se utilizó el siguiente: “All Ways Lead to Hialeah” y desde los 80’: “City of Progress”.



[1] El Polk City Directory comenzó a publicarse en 1870, aún lo hacen online.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Greguerías de Hialeah IX

Waldo Acebo Meireles

El ‘boom’ en ‘real estates’ cuyas consecuencias ahora estamos disfrutando tuvo un antecedente en el ‘boom’ que se produjo al sur de la Florida en los años 20’ del siglo pasado. Hialeah tuvo una amplia e importante participación en ese proceso especulativo.

Glenn Curtiss y James H. Bright iniciaron su sociedad en el negocio de granjas de ganado vacuno para la producción y comercialización de leche. Bright tenía una larga experiencia en ese negocio y había comprado algunos cientos acres de tierra para iniciar su empresa, luego de asociarse con Curtiss se adquirió mucha más tierras con vistas a expandir la compañía, la tierra fue adquirida a bajísimos precios.

Al poco tiempo la habilidad comercial de Curtiss le indicó que el verdadero negocio no era criar y ordeñar vacas, sino la venta de parcelas en el extenso territorio que tenían en propiedad, puso en prácticas esas habilidades y empezó a promocionar esos terrenos que aunque aún un tanto anegados él los vislumbraba con un brillante futuro. Las obras de dragado y canalización iniciadas por el gobierno casualmente facilitaron ese futuro.

Se procedió a parcelar parte de los terrenos [ver más arriba imagen de esa primera parcelación], se construyó un edificio que servía de centro de recepción de los futuros compradores, un pequeño muelle en el canal y otros elementos de atracción como la efigie de Jack Tigertail de la cual hemos ya hablado, y que aparece en el sello actual de Hialeah.

Organizaron excursiones utilizando unos ómnibus adecuados para esos fines que partían de la oficina que la empresa tenía en Flagler, el otro medio de transportación utilizado fueron los barcos “Lady Lou” y “Biscayne”, que navegando canal arriba llegaban hasta Hialeah; inicialmente no existían los puentes que luego atravesarían el canal, facilitando el trayecto por tierra.

La recepción la brindaba Jack Tigertail con su atuendo tradicional, después de ser asesinado en 1922 su lugar fue ocupado por otro jefe seminola, Willie-Willie; posteriormente los vendedores comenzaban a promover las maravillas del futuro de Hialeah, y en el local de recepción, ya mencionado, se cerraba el negocio. Todo tenía un aire festivo.

Tan efectivas fueron las campañas de promoción que las parcelas se vendieron como ‘pan caliente’. Curtiss reconoció, años después, que había ganado más dinero en la venta de terrenos en Hialeah que en sus otros múltiples negocios.

El final del ‘boom’ para Hialeah fue el ciclón del 26, que arrasó con Miami dejando cientos de muertos de ellos una veintena en Hialeah. Las casas que existían para esos momentos eran generalmente de madera y buena parte de la población vivía en tiendas de campaña en la espera de la construcción de sus viviendas definitivas.

El desastre fue terrible, un testigo ocular, describía que las casas rodaban como si fuesen latas vacías arrastradas por el viento. Hasta edificios de mampostería como el banco que habían creado Curtiss y Bright fue arrasado.

El huracán coincidió con la desaceleración de la carrera especulativa y después el crack del 29 completó la tarea con la total desestabilización de la economía norteamericana, Hialeah logró mantenerse a flote gracias al juego y otras actividades no muy legales que digamos, pero de eso ya hemos hablado.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Greguerías de Hialeah [VIII]


Waldo Acebo Meireles

La vida política de Hialeah, desde sus inicios, fue bastante movida y, por qué no, divertida; por ejemplo el primer ‘mayor’ se auto-eligió después de convocar a 28 residentes a una reunión, esto ocurrió en 1924 lo cual probablemente aceleró el proceso de incorporación iniciado por los fundadores Curtiss y Bright y la creación de la ciudad en 1925 con la elección de su primer mayor [alcalde] en una elecciones en que participaron 532 votantes registrados.

Aquel auto proclamado alcalde se llamó J. H. Wendler y a los pocos días de su ‘elección’ recibió un balazo por razones ajenas a la misma, poco después protagonizó otro incidente: había publicado un artículo en un periódico que editaba y el mismo no le agradó al Ku-Klux-Klan, ello provocó que un grupo de hombres enmascarados lo asaltaran, lo embadurnaran con brea y luego lo emplumaran, este fulano no tenía muy buena suerte que digamos.

Las primeras elecciones fueron ganadas por J. P. Grethen que permaneció en el cargo de mayor por dos períodos. En 1933 fue sustituido por L. O'Quinn, ya para ese entonces el verdadero control de la ciudad estaba en manos de la banda Slayton-Hyde, a la cual se le estimaba ganancias anuales de 30 millones[1] obtenidos honradamente en negocios de apuestas, juego y prostitución. Uno de los centros en manos de estos distinguidos hombres de negocios fue el afamado, vaya a saberse por qué, ‘Club Bagdad’[2].

La situación de corrupción imperante llegó a molestar, y en particular, afectar los negocios de Ernest ‘Cap’Graham [padre del que posteriormente fuera gobernador de la Florida, Bob Graham]. Graham tenía vaquerías para la producción lechera, al norte de Hialeah, donde hoy se encuentra Miami Lakes y sus camiones de entrega de leche eran frecuentemente multados por la corrupta policía de Hialeah. La gota que colmó el vaso fue la golpiza que recibió su amigo y empleado Les Lewis.

Graham hombre de firmes convicciones decidió que él tenía que acabar con todo esto y así se lo prometió a si mismo y se lo hizo saber a los gangsters. Inició una campaña política para reformar los reglamentos de la ciudad y expulsar al mayor y al consejo completo.

A pesar de recibir amenazas de muerte, Graham siguió su campaña y para 1937 fue elegido senador del estado de la Florida, en ese año la lucha llegó a su clímax, y aunque no logró todos sus objetivos, creo las condiciones para sanear la política de Hialeah.

Años después Red Slayton le escribió una carta a Graham, desde la penitenciaría donde cumplía condena, elogiándolo como el único político honesto que había conocido y señalando que:

"You said you'd run me out of town and throw me in jail, and you kept your word."[3]



[1] En dólares actuales serían unos 3000 millones, lo cual es algo.
[2] Estaba ubicado en la esquina sureste de la 14th. Street y la 9 Ct. East y entre otras actividades se tomaban apuestas para las carreras de caballos, perros; se jugaba a la ruleta, los dados y veintiuna.
[3] “Usted dijo que me iba a sacar del pueblo y tirarme en la cárcel y mantuvo su palabra”

martes, 22 de septiembre de 2009

Greguerías de Hialeah [VII]


Waldo Acebo Meireles

Qué ideas eran las que tenían los fundadores de Hialeah, Gleen Curtiss y James Bright, acerca del destino de esta ciudad no me queda muy claro ya que estos dos hombres anidaban un genial espíritu de empresa unido a ciertas proyecciones de evidente contenido humanista. Pero fuesen las que fuesen no creo que se acomodasen al camino que tomó desde el principio.

La apertura de el hipódromo, [Race Track] el cinódromo y la cancha de Jai-alai, todos ellos vinculados al juego, las apuestas, en esos momentos aún ilícitas, sólo fueron autorizadas en 1931, las ‘slot machines’ [máquinas de jugar] fueron legalizadas en 1935, de todas estas infracciones e ilegalidades las autoridades, evidentemente, se hicieron de la vista gorda, y ello trajo consigo el desarrollo de toda una red de servicios asociadas a este tipo de negocio y lógicamente atrajo el tipo de persona vinculados a estos.

Surgieron decenas de hoteles, nightclub, ‘speakeasy’, [la “Prohibición”, ley seca, fue derogada en 1933] y aunque no encontramos ninguna referencia exacta, aunque sí indirecta, suponemos que existían más de un prostíbulo.

Uno de los centros nocturnos más renombrados aparece en la ilustración más arriba: The Follies[1], donde siguiendo la tradición de este tipo de lugar las coristas, cantantes y vedettes dejaban entrever buena parte, la mejor, de su humanidad, mientras los parroquianos disfrutaban el ‘Hialeah rye’, servido en tazas de te, como si con ello engañaran a alguien.

El Hialeah rye se convirtió en la norma de los ‘moonshine’, en Cuba diríamos ‘chispaetren’, para el sur de la Florida. Es probable que los caldos primarios proviniesen de la Pennsilvania Sugar Company [Peensuco] el ingenio azucarero estaba en las cercanías de Hialeah, hacia el noroeste y los campos de cañas llegaban hasta las proximidades del pueblo.

Hialeah era una anticipación, en pequeña escala, de Las Vegas actuales y ello tendría consecuencias de las que hablaremos en otra ocasión.

De la presencia de Al Capone, uno de los más conspicuo visitantes de Hialeah, un testigo ocular dejó esta descripción:

“…rodeado de enjoyadas prostitutas, y con sus binoculares, recibía a serviles aduladores que se agolpaban para estrecharle la mano, un verdadero Sha de Persia… ¡Dios mío!”

[1] El edificio de The Follies, ya desaparecido, es un ejemplo del estilo ‘revival mediterraneo’ y el estilo ‘mision’ que era el que los fundadores consideraban que debían tener las construcciones en Hialeah, a diferencia de Miami Spring que debería ser en estilo pueblo y Opalocka que sería árabe. Estas fueron las tres ciudades que ellos fundaron.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Greguerías de Hialeah [VI]

Waldo Acebo Meireles

Los flamencos sin ser el ave oficial del Estado de la Florida, la oficial es el sinsonte, es sin embargo en la imaginación popular, una especie de icono de la Florida. Los vemos representados en múltiples souvenirs, en diversas imágenes que simbolizan el territorio. Incluso en muchos jardines vemos estas aves modeladas en plástico, un tanto ‘kitsch’, pero para gustos…

Lo simpático del asunto es que los flamencos no son originarios de la Florida, ni se han reproducido con facilidad en este territorio. Los primeros 50 fueron introducidos por James H. Bright, uno de los fundadores de Hialeah, que consideró que esas magnificas aves tendrían un excelente marco en el Hialeah Race Track que él había construido.

Esas primeras aves fueron importadas de Cuba, al igual que las palmas reales que adornan el sitio. Llegaron, revisaron el estanque que se les había construido en el centro del circuito de la pista de carrera, miraron hacia las graderías construidas en un pomposo estilo mediterráneo, estiraron las alas, despegaron y hasta Cuba no pararon.

Las relaciones de Bright con Cuba al parecer se remontan a cuando decidió introducir la hierba paraná, originaria de África pero que se daba muy bien en Cuba, era ideal para los inundados terrenos que había adquirido en la futura Hialeah con el propósito de criar ganado lechero. Esa hierba, conocida aquí como ‘paragrass’, deja actualmente millones de dólares en perdidas ya que bloquea canales, drenajes, etc., es considerada una planta invasora. No siempre las cosas salen del todo bien.

Bright no era hombre que se amilanase ante los problemas, ya había reconstruido la gradería del hipódromo arrasada por el ciclón del 26, así que esos pájaros no le iban a ganar la partida tan fácilmente. Mandó a traer cien más y comisionó a un hombre la tarea de mantenerles las alas cortadas, y se sentó, es un decir, a esperar que los flamencos se olvidaran de Cuba y se decidiesen a procrear y a establecerse de manera permanente.

Tuvo que esperar cinco años a que el primer huevo fuese empollado, el 6 de julio de 1937 nació el primer pichón de flamenco, no sobrevivió más de tres meses. Dos años después nacieron 32, y estos mayoritariamente sobrevivieron, hoy la población de flamenco ronda los 300 y cuestan unos mil dólares semanales su mantenimiento y peculiar alimentación: mariscos, que serán flamencos pero no bobos.

lunes, 10 de agosto de 2009

Greguerías de Hialeah [V]


Waldo Acebo Meireles

Hialeah tuvo uno de los primeros aeropuertos en los EE.UU., Glenn Curtiss, que fue uno de los pioneros de la aviación, concibió inicialmente construir el campo de aviación al oeste del Race Track pero al parecer la rápida venta de los terrenos en esa zona lo llevó, como buen hombre de negocio que era, a ejecutar sus planes al noreste, prácticamente en los límites de lo que posteriormente fue la ciudad de Hialeah.

Para mediados de la década del 10 el campo aéreo estaba en pleno funcionamiento con la escuela de aviación que Curtiss creó, por ella pasaron centenares de hombres que luego fueron a pelear a Europa, durante la I Guerra Mundial, piloteando los endebles aviones de la época.

Ese primer aeropuerto se conocía con el nombre de “Glenn Curtiss Field” y se encontraba ubicado en un extenso terreno que en nuestros días está bordeado al oeste por la 8 Avenida del East [Le Jeune Road], al sur por la 52 Street y al norte por la 65 Street. En la actualidad ahí se encuentra el Departamento de Policía de la Ciudad de Hialeah, que ocupa la porción sur, al norte se encuentra las amplias instalaciones de la UPS.

El aeropuerto funcionó para el tráfico de pasajeros que visitaban Miami, escuela de aviación y para el correo aéreo. En 1928 Curtiss donó el aeropuerto a la ciudad de Miami, y comenzó a llamarse “Miami Municipal Airport”, en octubre de 1947 pasó a llamarse “Amelia Earhart Field” en memoria de la famosa aviadora que salió de este aeropuerto, el 26 octubre de 1937, a darle la vuelta al mundo, desapareciendo casi al final de su travesía en aguas del Océano Pacífico.

Durante la II Guerra Mundial el aeropuerto fue utilizado para cumplir misiones miltares, llamándosele “South Field #2” y “Navy Municipal”.

Para mediados de la década del 50 ya se había construido el actual aeropuerto de Miami y el de Hialeah perdió sus funciones; sus pistas fueron utilizadas para carreras de auto hasta mediados de los 60, por esos años fue demolido y posteriormente en ese espacio se construyeron las instalaciones y edificios que ya mencionamos.

Nada queda que recuerde ese primer aeropuerto, ni una tarja, obelisco o placa conmemorativa, y bien que lo merecería.

sábado, 1 de agosto de 2009

Greguerías de Hialeah [IV]

Waldo Acebo Meireles.

Los vendedores ambulantes en Hialeah recorren una amplia gama de mercancías e incluso servicios. Esta institución económica se ha ido extendiendo al resto del Condado, pero sus inicios sin lugar a dudas están por acá. El vendedor ambulante requiere una contrapartida: el comprador, el marchante, sedentario, los cuales abundan en los complejos habitacionales de esta ciudad.

El más conspicuo vendedor ambulante es aquel que adorna su pequeño camión con plátanos, maduros y verdes, vianda o de fruta; malangas, boniatos, mangos, amarillas calabazas, coles y una extensa variedad de otras verduras, hortalizas, legumbres y frutas. Este es un lejano heredero de aquel que alquilando por unas monedas una carretilla la surtía en la Plaza de Cristina, el Mercado Único, y salía llevando sus mercancías hasta los más alejados barrios habaneros.

Igual que los anteriores los camioncitos de helados que recorren las barriadas ‘jayalenses’ son descendientes directos de aquellos que usando tracción animal, su propia fuerza, o en el mejor de los casos una motoneta Cushman adaptada para aquellos menesteres iban moviendo sus campanillas para llamar a los infantiles consumidores. Más modernos equipamientos permiten a estos heladeros generar una musiquilla a veces exasperante, sobre todo para los padres.

Pero el que más atención me ha despertado es el amolador de tijeras, esta antiquísima profesión, este oficio con raíces en el medioevo que tiende a desaparecer por el propio desarrollo tecnológico que se ha encarnizado en contra de esos otrora prestigiosos artesanos de filos, contrafilos y punta. Ha pasado la época en que barberos y costureras se preciaban de unas tijeras Solingen, que podían pasar de una generación a otra; los cuchillos de filo permanente al láser, o los de filos aserrados, o los de aceros de alta dureza que requieren, cuando lo requieren, maquinas especiales para el afilado como si fuesen brocas o cuchillas de tornos al diamante, van haciendo fenecer este oficio.

Sin embargo aún en Hialeah perdura uno, quizás el ultimo por acá de esta honorable estirpe. En Cuba el oficio estaba en manos de gallegos industriosos, que con aquellos complejos aparatos mezcla de monociclos y taburete iban por las calles con su ‘flauta de pan’, me refiero al instrumento musical, anunciando sus servicios. Este remanente de por acá utiliza el mismo reclamo pero grabado y amplificado, que hay que adaptarse de alguna forma a los tiempos, ¡qué remedio!

Nota: En el museo de Ibor City, en Tampa, se conserva uno de estos artefactos, pero puede ahorrarse el viaje colocando en ‘search’de YouTube la palabra amolador y/o afilador y verá estos equipos y hasta podrá oir la ‘flautas de pan’ que al parecer aún son comunes en Portugal y Suramérica. [link]

lunes, 27 de julio de 2009

Greguerías de Hialeah [III]


Waldo Acebo Meireles

Aquel año de 1926 fue fatídico para Hialeah, y para Cuba, para esta última no sólo fue el ciclón sino la debacle del nacimiento del Hijo de Birán que aún asola nuestro territorio desde su impúdico catafalco.

En realidad lo de Hialeah fue algo menor en comparación, pero el ciclón dejó unos resultados que hoy nadie supone. De no ser por aquel diluvio que desbordó el río Miami, y los canales que cruzaban por el territorio, anegando las pocas calles del Hialeah de aquel entonces, permitiéndoles a cocodrilos y caimanes el dedicarse a pernoctar en los portales de aquella novísima comunidad, sino fuese por los vientos que arrasaron los techos del hipódromo original, el cinódromo, la cancha de jai-alai y otras divertidas construcciones, pues hoy las cosas quizás fueran diferentes.

Especialmente si los estudios cinematográficos en que se filmaron algunas de las primeras películas de Tarzán y algún que otro drama, no hubiesen sido arrasados por el huracán.

Esos estudios fueron construidos al fondo de donde hoy se encuentra la Planta de Agua de Okeechobee, a un costo de unos $500,000 [lo que representa unos 94 millones en la actualidad]. Entre los directores más afamados que filmaron en estos estudios se encuentran: George B. Seitz ‘Sunken Silver’ [1925]; Rex Ingram ‘The Prisoner of Zenda’ [1922]; D. W. Griffith ‘The White Rose’ [1923], ninguna relación, y ‘Another Scandal’ [1924] también pasaron por estos estudios los actores Eddy Polo en el ‘Captain Kidd’ [1922] filmada parcialmente en Cuba y en Hialeah; Gloria Swanson en ‘The Coast of Folly’ [1925] y Betty Compson en ‘Miami’ [1924] es la actriz que aparece en la ilustración, más arriba.

No soy nada dado a las llamadas ‘historias alternativas’, pero imaginemos por un momento una entrega de los Oscar en la Meca del Cine: Hialeah, para el caso también empieza con H, y a las grandes estrellas, directores y productores, compartiendo una coladita en la esquina.

lunes, 20 de julio de 2009

Greguerías de Hialeah [II]

Waldo Acebo Meireles

En el logo, o escudo, de Hialeah aparece un indio, un seminola, con el brazo levantado, no sabemos si esta parando una guagua La Conchita, o comprobando si está lloviendo, o como dice la historia, o la leyenda, está señalando y nombrando el lugar que hoy conocemos como Hialeah.

Según la más aceptada versión, los hechos ocurrieron de la siguiente manera:

— Hey Jack — Asi es como dicen que se llamaba, seguramente su nombre era otro pero no tenemos que atener a lo conocido: Jack Tigertail — ¿Cómo se llama esto?

Y Jack, que como es lógico no comprendía muy bien el inglés, entendió qué cosa es esto, y entonces respondió, pensando; ¡coño que bruto son estos rubios, eso se ve a la legua!:

— Hi-a-le-ah[1] — Señalando la llanura bastante encharcada que tenían delante. No, no, Jack no era gago es que así escribían Hialeah en los primeros folletos impresos para promocionar la venta de terrenos, que aunque un tanto encharcados, pensaban promover.

Y promovieron. Se construyeron canales, se elaboraron planos, se construyó un inmenso Jack Tigertail[2] [tenía, calculamos, unos 25 pies de altura] con el brazo extendido, suponemos que de madera prensada o algo similar; se organizaron excursiones navegando por el río Miami, y en unas guaguitas muy simpáticas que tenían que hacer un largo recorrido para llegar a su destino. Después se construyó el puente levadizo que une Hialeah con Miami Spring, ya no es levadizo pero se han conservado las estructuras metálicas que permitían elevar el puente.

El genio comercial de los promotores, de los cuales hablaremos en otro momento, generó decenas de inventivas publicitarias e incluso promovió algunas técnicas novedosas para la época.

Un ejemplo de ello fue un vehículo que abriendo sus costados y extendiendo una especie de tienda de campaña se convertía en una vivienda provisional mientras se esperaba la finalización de la definitiva. No tengo información de si alguien utilizó ese lejano antecedente de los vehículos que hoy llamamos casa móvil, ni si ese abuelo de los “Motor Homes” de la actualidad en realidad era algo viable.

Como vemos el lema de Hialeah: “the City of Progress”, se cumplía desde sus lejanos inicios allá por la década del 20’ del siglo pasado.


[1] Hialeah, o Hi-a-le ah, o como mejor nos parezca quiere decir en la variante de la lengua creek que hablaban los seminolas: una pradera, llanura o como diríamos en Cuba: una sabana.
[2] La imagen de Jack representada en la valla nos indica que el mismo pertenecía al grupo conocido como ‘black seminole’ o ‘seminole negroes’ descendiente de la fusión étnica de negros, escapados de las plantaciones esclavistas, con los seminolas. En la versión que aparece en el actual logo de Hialeah, Jack está blanqueado y no se perciben rasgos negroides.

Greguerías de Hialeah [I]

Waldo Acebo Meireles

No lo puedo demostrar con una colección de datos estadísticos, aunque por cierto alguien dijo que con las estadísticas se puede demostrar cualquier cosa, pero mi empírica observación me indica que cuando un cubano llega a estas latitudes y recibe el primer cobijo de algún familiar, amigo, conocido, etc., ese primer asentamiento lo marca y a partir de ahí está más o menos predestinado a seguir viviendo alrededor de esa, su primera ubicación.

Es algo así como un establecimiento de una circunstancial y casual patria chica que lo ata y con el que establece una relación afectiva y efectiva que no siempre es positiva pero que resulta en esa permanencia, en ese merodeo alrededor de los límites de aquella casualidad convertida, no se por qué, en causalidad.

Casi es mi caso, mi desembarco primigenio fue en Hialeah Gardens pero rápidamente me despojé de los jardines y me fui a la ciudad madre: Hialeah. Aún ando por acá, en esta ciudad heredera de lemas marianenses, no me refiero a ningún culto mariano, sino al Marianao de Orúe, aquella ciudad que progresaba, ya no más.

Esta de por acá si lo hace que no todo es ‘agua, fango y factorías’ como dice el chascarrillo popular, basta recorrer la ‘49’ para comprenderlo, más de una decena de bancos, con incluso nuevas aperturas en el fatal 2008, nos habla de que aunque de las factorías ya no queden muchas, las fuerzas económicas están vivas y son pujantes.

Mi amor por Hialeah, fue de esos de primera vista, mi excursión iniciática al día siguiente a mi llegada a estos lares incluyó un cafecito que no era de 3 centavos como los de la antigua Habana pero a 25, por aquellos años, no era para llorar. Y aquella frase de la dependiente: ‘Mi chino si quieres más…’

Dependientas y dependientes cariñosos, aunque no siempre amables, es un rasgo de este Hialeah donde usted puede vivir entre poetas si decidí rentar en la Avenida Antonio Machado casi esquina a José Martí.